Etiquetas

SeamusHeaneyjpeg(Con el fin del año termino esta serie de poemas dominicales. No sé qué haré el próximo año, como siempre ocurre, pero no me refiero a si se cumplirán o no los planes sino, más bien, a que no tengo planes. Reproduciré poemas, anotaré lo que se me ocurra, pero no quiero comprometerme a una fecha fija ni conmigo mismo, porque estaré de aquí para allá, esperando desordenado el chaparrón o las nubes. Gracias, por tanto, a los que han seguido los poemas que me gustan y gracias también, claro, a los que, ocupados en otras cosas, no les han prestado ninguna atención)
Este último poema de 2012 es de Seamus Heaney, uno de los grandes en lengua inglesa, nacido en County Derry, Irlanda del Norte, en 1939. Estudió y luego dio clases en Belfast hasta que, agobiado –y angustiado- por la violencia entre católicos y protestantes, se trasladó a Dublin y más tarde a Harvard y a Oxford. El poema lo reproduzco de Campo abierto, publicado por Visor en edición de Jenaro Talens, el poeta del domingo pasado.

Lo que aparenta ser más fuerte ha sobrevivido a sus límites.
El futuro está con lo que se afirma desde abajo.
Estas cosas que nos corroboran cuando vivíamos
bajo la égida de nuestro furtivo patrón,
el ángel guardián de la pasividad,
ahora hunde un colmillo de amenaza en mi hombro.
Repito la palabra “abatido” a mí mismo
y me planto con la cabeza desnuda bajo las nubes de bancos
marginadas más y más con dorados relámpagos.
Añoro los golpes del martillo sobre las planchas repujadas,
el informe no comprometedor de los escálamos,
para saber que hay uno entre nosotros que no cedió jamás,
de todos sus instintos le decía surgió la acción correcta,
que aguantó su sitio en el indicativo,
cuya barca se elevará cuando caiga el chaparrón.

Anuncios