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Ted HughesTed Hughes nació en Yorkshire en 1930 y falleció en 1998, el año en que recibió la Orden del Mérito, cuatro años después de ser nombrado Poeta Laureado. Su obra poética es impresionante, traducida a casi todas las lenguas, estudiada y premiada. Su primer libro (Hawk in the Rain, 1957) ya apuntaba su interés por los animales, a los que volvería en muchas ocasiones, pero su vida y su obra está presidida por su matrimonio con la mítica poeta norteamericana Sylvia Plath, un amor tormentoso y dramático, que los envolvió a los dos hasta que Hughes la abandonara, y aún más allá hasta el suicidio de Plath, y que dio lugar a los mejores poemas de ambos. El poema de este domingo da muestra de ello.

CANCION DE AMOR

Él y ella se amaban
Los besos de él le succionaban todo su pasado y su futuro o eso intentaban al menos
Ella era lo único que a él le apetecía
Ella lo mordía lo roía lo chupaba
Quería tenerlo entero dentro de sí
Sano y salvo para siempre
Los pequeños gritos de ambos revoloteaban entre las cortinas



Ella lo escrutaba procurando que nada se le escapase
Clavándole con sus miradas las manos las muñecas los codos
Él la asía con fuerza para evitar que la vida
Pudiese arrastrarla desde aquel instante
Quería que el futuro cesase de golpe
Quería desmoronarse abrazado a ella
Precipitarse desde el borde de aquel instante en la nada
En la eternidad o en lo que hubiese
El abrazo de ella era una inmensa prensa
Con la que lo imprimía en sus huesos
Las sonrisas de él eran los desvanes de un palacio de fábula
Adonde el mundo real jamás llegaría
Las de ella eran picaduras de araña
Y él aguardaba inmóvil acostado a que ella tuviese hambre
Las palabras de él eran ejércitos de ocupación
Las risas de ella intentos de asesinato
Las miradas de él eran balas dagas vengativas
Las de ella fantasmas agazapados en la esquina con horribles secretos
Los murmullos de él eran látigos y botas de montar
Los besos de ella abogados escribiendo constantemente
Las caricias de él eran los últimos anzuelos de un náufrago
Las artimañas amorosas de ella el chirrido de unos cerrojos
Y los profundos gemidos de ambos se arrastraban por el suelo
Como un animal acarreando un enorme cepo



Las promesas de él eran un separador quirúrgico
Las de ella le quitaban la tapa de los sesos
Con la que anhelaba forjarse un broche
Él con sus votos le arrancó los tendones
Para enseñarle a hacer un nudo de amor
Ella con los suyos le arrancó los ojos para conservarlos en formol
En el fondo de su cajón secreto
Los chillidos de ambos se clavaron en la pared



Mientras dormían sus cabezas se quebraron como las dos mitades
De un melón partido, pero el amor es algo imposible de parar



En sus sueños entretejidos intercambiaron brazos y piernas
Sus cerebros se tomaron mutuamente como rehén



Al amanecer cada uno lucía el rostro del otro

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