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Cristobal-MontoroMuchos medios de comunicación –por la situación general de crisis o por equivocaciones propias de gestión- pierden dinero. Muchos de ellos, por la imposibilidad de acceder a créditos o renovar ampliados los que tienen- deben dinero. Este drama ha llevado al cierre de algunos y a la reducción de plantillas de otros, un mal que afecta directamente a los trabajadores y que, sincera o retóricamente, lamentan todos.
En este escenario es, al parecer, en el que el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ha encontrado un “argumento” para defenderse de las críticas a su gestión y a la del Gobierno. El miércoles, en el Congreso de los Diputados, el ministro se refirió a los medios que “dan lecciones de ética” sobre la amnistía fiscal y tienen “importantísimas deudas con Hacienda” y que deberían “en vez de dar tantas lecciones de ética a través de editoriales lo que tienen que hacer es pagar religiosamente los impuestos en los plazos pertinentes y colaborar de esa manera a corregir el déficit público y financiar correctamente los servicios públicos”.
La reacción del ministro de Hacienda es realmente sorprendente. O esperpéntica, además de insultante. Montoro, que en el Gobierno de Aznar fue un serio y esforzado ministro de Hacienda, ha vuelto al poder con un frecuente y desafortunado tono populista. Sus invectivas alcanzan un día a los grandes empresarios, a la oposición, a los infieles en sus filas, a los medios de comunicación y a todo aquel que discrepe de lo que ha hecho o de lo muchísimo que, prometido, le queda sin hacer. En un momento en el que el Gobierno de Rajoy necesita con urgencia dar explicaciones y asentar el liderazgo en momentos tan graves como los actuales, Montoro parece querer saciar su ira (lo que hace con muy poca fortuna) que colaborar con un proyecto que precisa pedagogía y buenas maneras.
Además, la reacción del ministro no tiene sentido. Si el deudor, cualquier deudor, debe callarse, el primero que debía hacerlo es el Gobierno porque las deudas públicas están también en la nómina de los que impiden que el país salga adelante, medios de comunicación incluidos.
Si a Montoro le molesta hasta la desesperación que su compañero de gabinete Luis de Guindos lo haga mejor debería decírselo al presidente Rajoy. O decírselo a si mismo. No, desde luego, dar estos espectáculos lamentables.

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