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Iñigo Urkullu, elegido hoy lehendakari con los únicos votos de su partido, se presentó ayer ante el Parlamento Vasco con un discurso calificado por los analistas como “moderado” y por los portavoces de los grupos de la oposición como “inconcreto”.

urkulluLa moderación se explica como contraposición al proyecto soberanista que Artur Mas sostiene incluso después del fracaso electoral con el apoyo de ERC. Efectivamente, el todavía presidente del PNV centró su discurso en la economía y, sin obviar las lógicas referencias de un nacionalista vasco a una “Euskadi dueña de su destino”, la referencia del programa de su partido a una reforma estatutaria en 2015 se quedó en un deseo sin fecha. Algunos han interpretado que este pasaje del discurso era consecuencia del fracaso de su amigo Mas, lo que sin duda ha influido pero tengo para mi que el resultado de las elecciones catalanas fue una confirmación de lo que ya Urkullu sabía por experiencia propia: un programa sustentado en un soberanismo rupturista, como el de Ibarretxe, ahuyenta votantes moderados y lleva a la crisis incluso a la propia militancia. Por ello moderó la campaña y, sin mayoría suficiente tras las elecciones, resultaba del todo absurdo empeñarse en acuerdos parlamentarios en esta cuestión. Urkullu tiene, sin duda, ánimo templado, pero ha sido desde hace tiempo el reconocimiento de la realidad el que ha hecho más moderado al PNV, salvo excepciones, en estas cuestiones.

Mientras Laura Mintegi, candidata de Bildu, tomaba el relevo y exponía en la cámara su proyecto independentista, Patxi López y Antonio Basagoiti recelaban y manifestaban sus dudas por el hipotético intento del nuevo lehendakari de “pactar con todos”: con unos la política económica, con otros la más o menos soberanista. Lo curioso es que si López, tan criticado por Urkullu en la pasada legislatura, piensa que el socio “económico” del PNV será el PP, este partido piensa que el socio del PNV para una reforma estatutaria sería el PSE-PSOE. Para enmarañar, o enmarañarse más, ha habido dirigentes socialistas que plantean una posible convergencia con Bildu en materia fiscal. Pero no tendría ningún sentido que, si el afán soberanista queda no eliminado pero sí aparcado, socialistas y populares no traten de negociar con el nuevo lehendakari una política eficaz y consensuada para salir de la crisis. El PNV, que va a gobernar solo ahora, anhela, en el fondo, un socio.

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