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Edgar Lee Masters (Garnett, Kansas, 1868 – Melrose Park, Pensilvania, 1950) era abogado laboralista en el duro Chicago de los años diez del siglo pasado. Se pasaba el día en los tribunales defendiendo a camareras, obreros y desesperados de todo color, aunque no le falta tiempo ara escribir desgarradores ensayos, dramas y novelas. Un domingo, después de dejar a su madre en la estación, volvió a casa dando un largo paseo y, con los nombres -reales algunos, inventados otros- de las tumbas de la colina, comienza a escribir su obra más nombrada, la Aantología de Sponn River,en cuyos versos, llenos de ironía y de ritmo, con la fuerza de los epigramas, se va vaciando de su odio al belicismo, al clasismo de la sociedad norteamericana de su tiempo, y llenando de ternura las vidas desastrosas de otros.La Antología… está llena de personajes pero su protagonista es la vida, que su autor definía así: “Cada uno ve la vida a su manera. Y eso es la vida”.

KINSEY KEENE

Tomad nota, Thomas Rhodes, presidente del banco,
Coolbaugh Whedon, editor del “Argus”,
Reverendo Peet, pastor de la iglesia,
A. D. Blood, alcalde durante varias legislaturas,
en fin, todos vosotros, miembros del Club de la Pureza Social,
tomad nota de las últimas palabras de Cambronne,
de pie ante los heroicos restos
de la guardia de Napoleón en el monte de Saint Jean,
campo de batalla de Waterloo,
cuando Maitland, el inglés, les gritó:
“Rendiros, valientes franceses”,
al final de la jornada, con la batalla absolutamente perdida,
hordas de hombres que ya no serían más el ejército
del gran Napoleón
vagando por el campo como jirones
de nubes tronadoras de tormenta.
Pues bien, lo que Cambronne le dijo a Maitland
en breve lapso antes de que el fuego inglés arrasara la cima
ante la moribunda luz del día,
os lo digo yo a vosotros, a todos vosotros,
y a ti también, oh mundo.
Y os mando que lo grabéis
en mi lápida.

(La versión oficial asegura que el general Cambronne dijo “La Guardia muere pero no se rinde”, aunque la más verdadera, sin duda en la que piensa Edgar Lee Masters y la que ha dado lugar a la expresión “le mot de Cambronne”, es la que asegura que el general de Napoleón respondió a Maitland: “¡A la mierda!”)

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