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Fernando Operé (Madrid, 1946) es historiador, catedrático de Literatura en la Universidad de Virginia en la que es director del Centro de Estudios Latinoamericanos. Es especialista, con multitud de libros y artículos publicados, en literatura colonial y del siglo XIX.

Pero el prestigioso académico es también un hombre que apura la vida: viajero incansable, amigo de sus amigos, deportista y entrenador de fútbol de un equipo juvenil en Virginia, gran cocinero y gourmet. Actor y director de teatro, dirige también un grupo teatral en Virginia que interpreta obras clásicas y modernas, en español, por un sinfín de ciudades norteamericanas. El quiere que sus alumnos sean sus amigos y ellos ser discípulos del que consideran un maestro. Yo, a fuerza de favores y cuidados, me siento uno más de su familia.
Tiene una larga y brillante obra poética iniciada en 1987 con Despedidas, ni él se ha podido despedir de la poesía ni los lectores de sus libros, publicados en España y en Estados Unidos. Todo –su propia experiencia, sus reflexiones, las ciudades y paisaje que visita y contempla…- acaba en sus poemarios y en cada parte de ese todo sabe poner, o sacar, una emoción intensa.
El poema de este domingo lleva por título el del libro del que lo reproduzco, Alfabeto de ausencias, editado en 2002.

ALFABETO DE AUSENCIAS

¿Cómo revivir las cosas
en el mar del olvido?

Busco en mi carta marina
y no encuentro sus ojos negros,
extrañados veleros hundidos
por el inmenso cielo oscuro.

Hay un furgón con muebles
en el jardín ciego, un colegio,
un convento vacío.

La tarde marca mi obsesión
huérfana. Lluvia de mercurio.
barcos sin puerto,
alba sin contorno.

Sucumbe la memoria
a un forajido abandono.
Su vientre es un pozo vacío
entre el amor y el toro.

A penas recurso
la chata fracción de la infancia,
un redondo sol de sebo,
el resplandor de la osa mayor
en las noches lácteas,
sus besos de jazmín quinceañero.

Tumor benigno en la memoria,
complicidad de nada,
alfabeto de ausencias.

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