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(ARTICULO PUBLICADO EN EL MUNDO EL LUNES 22 DE OCUBRE)

Llamativo no es lo mismo que sorprendente y, si hay sorpresas, serán en el futuro porque los resultados de las elecciones vascas han respondido a lo previsto, en el marco de lo vaticinado por las encuestas, incluso concordantes con el tono anodino que ha tenido la campaña de cada candidato, seguramente conscientes de que las cosas iban a ser, más o menos, como finalmente han sido.
Ha ganado el PNV. También ganó en 2009 aunque, en esta ocasión, ni PSOE y PP suman para presentar un alternativa a la investidura del lehendakari, ni, por otra parte, tuvo entonces que enfrentarse a una Izquierda Abertzale, ilegalizada en aquellos comicios, y que, tras sus resultados en las elecciones locales y forales, era vista por muchos analistas como un peligro real para la hegemonía nacionalista del PNV. Solo la presencia de Bildu, formación que no estaba antes el Parlamento, hacía lógicamente imposible que los demás partidos obtuvieran los escaños que hasta ahora tenían y, para evaluar el resultado, interesa fijarse más en los porcentajes de voto que en su peso en la nueva cámara. Así, el 38,56% de los votos validos que el PNV cosechó en 2009 se han convertido en 2012 en 34,64%, un poco por encima de lo que preveían los sondeos, que ni le quita la hegemonía, la que algunos aseguraban que iba a perder por la irrupción de Bildu, ni le impedirá, si lo desea, gobernar en solitario, a pesar de estar lejos de la mayoría absoluta. 21 escaños para Bildu es, sin duda, un resultado considerable y llamativo, como lo es un porcentaje del 25% en la comunidad autónoma. Lo es en sí y como tarjeta de presentación para volver al Parlamento vasco, pero hay otros parámetros que relativizan en parte el resultado. Se destacó ayer que la Izquierda Abertzale obtuvo su mejor porcentaje en las autonómicas de 1990 con el 18,33% -lo que subrayaría el éxito de ayer- pero, aquel año, EA, ahora parte de Bildu, consiguió el 11,38%. Sumar las dos cifras me parece, para las comparaciones, más útil. Además, el PNV logró ayer empatar con Bildu en Guipúzcoa (que le superó en 11 puntos en las elecciones forales del pasado año), ganó en Álava y siguió arrollando en Vizcaya. En la batalla electoral interna en el nacionalismo vasco, el triunfo del PNV me parece claro y distanciado.


Frente al enfrentamiento entre Bildu y PNV, los partidos llamados “constitucionalistas” se han venido abajo en un parlamento claramente nacionalista (48 de 75 escaños). Mucho más, desde luego, el Partido Socialista, que baja del 30,71% (25 escaños) al 19,13% (16 escaños), un derrumbe –como ha ocurrido también en Galicia- en el que, seguramente, han tenido que ver la percepción negativa del PSOE, de su gestión mientras gobernaba y en la oposición, la incapacidad de Patxi López para hacer atractiva su propuesta en Ajuria Enea después de decenios nacionalistas, y que no ha contenido el empeño por ser la verdadera alterativa –el “modelo vasco”- a la austeridad y los recortes del ejecutivo de Rajoy. López encabezaba la lista socialista de Álava, quizá para no enfrentarse directamente a Urkullu en Vizcaya, y su candidatura ha obtenido 12 puntos menos que la obtenida por su partido en 2009. Es difícil pensar en su hipotético papel “renovador” en el PSOE. El PP ha perdido 2,34 puntos. No hay comparación posible con el PSE, pero es un descenso significativo. Se aventuraba que sería castigado por la política del PP a nivel nacional pero, a la vista de lo ocurrido en Galicia, se puede afirmar que la política del PP vasco no es ajena al varapalo.
Las posibles sorpresas del futuro no serán inmediatas. Urkullu puede ser investido y el PNV gobernar con pactos puntuales. Pero ha prometido un nuevo Estatuto para 2015 y, para ello, si precisa pactos estables. El calado de la opción del PNV se verá en ese momento.

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