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Los poemas que recojo aquí cada domingo me sirven para traer a la memoria a poetas que admiro y quiero y a los que hace tiempo no veo personalmente. Francisco Díaz de Castro (nacido en Valencia en 1947) es uno de esos tipos que a uno le gustaría tener cerca siempre –a poder ser con alguno de sus libros- por su simpatía, por sus palabras siempre amables y acogedoras y por un conocimiento superlativo de la literatura contemporánea. Es catedrático en la Universidad de las Islas Baleares y, junto a su destacada obra poética, acumula una larga trayectoria ensayística y crítica, tanto en revistas especializadas como en los suplementos culturales de la prensa nacional.
En sus poemas, de un realismo que no es radical (pero que es realismo), se muestra una época que compartimos con el autor y, en esa época, la memoria personal de un poeta, siempre reflexiva, que se nos hace verosímil. Verosímil y emocionante, como este poema Bienvenida, que copio del libro Hasta mañana, mar (editado por Visor en 2005) con el que Díaz de Castro obtuvo el XXVI Premio Internacional Ciudad de Melilla. Veo ahora que en la primera página escribió “Germán, para que estemos juntos”. Pues eso, para que estemos juntos.

BIENVENIDA

Esta noche huele a mujer,
sabe a mujer, se mueve, incita
igual que una mujer ardiente.
El silencio suena a su risa,
su aire me llega como sombra,
su bienvenida mano tibia
hace mover las hojas negras.
Otra luna de muslos vibra
blanca y azul sobre mi frente,
sobre mi memoria, perdida.

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