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Me gusta acercaros este domingo a un poeta que sin duda conoceréis y que me parece de los más brillantes de la poesía española contemporánea. José Manuel Caballero Bonald nació en Jerez de la Frontera en 1926 y ha estado siempre presente en la vida literaria española y en la social e intelectual con sus opiniones y puntos de vista personales, claro, pero sagaces e interesantes. Su trayectoria poética es igualmente extensa, desde Las adivinaciones, libro con el que fue premiado con un accésit del Premio Adonais en 1951 hasta Manual de infractores que le valió el Premio Nacional de Poesía 2006 y los que le siguen y seguirán.
Pertenece, por los años de publicación y por el tono, a la magnifica “generación de los cincuenta” o del medio siglo, pero los poemas de Caballero Bonald revelan una voz particular que no se presenta como “confesional”. Por eso se ha dicho que es, en su generación, un excéntrico. Comunicativo sí, pero no autobiográfico, aunque en cada verso se perfile, objetivada por su maestría, un modo de estar en el mundo.
Galaxia Gutenberg, con selección y prólogo de Jenaro Talens, publicó Summa vitae, una antología de sus poemas de 1952 a 2005, de la que he reproducido el poema de este domingo.

DOBLE FILO

Perdí la juventud como las ondas
concéntricas se pierden en la cara del agua
cuando cae una piedra.
Es cierto:
la he perdido.
Retornan gravemente
las secuencias que entonces eran ya conjeturas
de recuerdos: ese trasiego
obstinado de sitios, emociones,
cuerpos, arboladuras, libros,
que intempestivamente
van cayendo y cayendo
hacia el fondo implacable de unos días
que avalan de continuo su extinción.

No los veo caer: sólo los oigo.
Ya el tiempo acecha
como una errata al borde de una página en blanco.

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