En una vieja maleta de Marlene Dietrich, olvidada en una esquina años después de su muerte, su hija María Riva encontró, escritos a mano, unos pocos poemas de la actriz. La mayor parte de ellos, brevísimos, dedicados, no sin malicia pero tampoco sin malicia, a actores, directores y escritores, desde Ronald Reagan a Ernest Hemingway. Otro, un poco más extenso, era una canción de amor, en alemán, escrita en junio de 1919
Una preciosa edición del Área de Cultura del Ayuntamiento de Malaga (Instituto Municipal del Libro) los dio a conocer en español en 2009 bajo el título Pequeños homenajes. A la curiosidad de los poemas se une, en esta edición, un epílogo de Pablo García Baena y un prólogo del traductor y editor, Vicente Molina Foix, en el que hace referencia a que la Dietrich, a la que recordamos peligros y de tiros largos, se muestra lacónica y hasta conceptista, aunque en la canción juvenil “Pero acércate ya”, que es la que he elegido para este domingo, la vemos –o la leemos- “ingenua aunque ya desatada”. “Casta y provocativa, sexual y recatada” la llama García Baena en el breve texto de esta joya bibliográfica.

PERO ACÉRCATE YA

¡Te lo ruego tanto!
¡Acércate a mí ya!
¡Y juega conmigo
si te parece bien!

No te pido que seas formal
ni un amor perdurable.
Tampoco que seas inalterable.
Y te puedes ir cuando quieras.

Mira aquí las rosas, en mi regazo.
Son tan rojas para besarlas.
Las cogería y todas te daría
aun si por ello hubiera de dejarlas morir.

¡¡¡Ven y juega conmigo!!!

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