En Una educación incompleta, Evelyn Waugh, relatando las costumbres de Oxford, da cuenta de la tradicional sobriedad británica, que es virtud, como se ve, que se logra con la edad y con un adecuado entrenamiento:  “A menudo nos emborrachábamos de manera considerable, aunque las cantidades de hecho consumidas en nuestras orgías eran muy inferiores a lo que hoy disfruto con asiduidad y en sobriedad absoluta. Unas cuantas copas de jerez, media botella de borgoña, de clarete o de champán, unas cuantas copas de oporto después de la comida o la cena, nos ponían poco menos que en órbita. Añadías una copa o dos de brandy o whisky y nos quedábamos inconscientes”

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