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No hace falta presentar a Antonio Machado, un inmenso poeta que está entre nosotros más que ninguno, incluso aquellos a lasque admiró. Si reflexionó y escribió sobre todo aquello que nos atañe -desde los paisajes a las más profundas reflexiones- no podía falta en sus versos el amor, encarnado en este caso por Guiomar, sobre el que se reflexiona en pasado, como un recuerdo de adolescencia que se renueva en la memoria y en la poesía.

Hoy te escribo en mi celda de viajero,
a la hora de una cita imaginaria.
Rompe el iris al aire el aguacero,
y al monte su tristeza planetaria.
Sol y campanas en la vieja torre.
¡Oh, tarde viva y quieta
que opuso al panta rhey su nada corre,
tarde niña que amaba tu poeta.
¡Y día adolescente
-ojos claros y músculos morenos-
cuando pensaste Amor, junto a la fuente,
¡besar tus labios y apresar tus senos!
Todo a esta luz de Abril se transparenta;
todo en el hoy del ayer, el Todavía
que en sus maduras horas
el tiempo canta y cuenta,
se funde en una sola melodía,
que es un coro de tardes y de auroras.
A ti, Guiomar, esta nostalgia mía.

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