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Robert Louis Stevenson nació en Edimburgo en 1850 y murió en Samoa 44 años después. Viajero constante, a pesar o huyendo de su tuberculosis, es autor de famosas novelas históricas y de aventuras. Quizá sus obras más conocidas son “La isla del tesoro” y “El extraño caso del doctor Jekyll y mister Hyde”. Si no logró la paz en los más remotos confines del mundo ni pudo despegarse de Escocia, sobre la que escribió siempre, sí encontró al otro lado del mundo el amor, aunque trufado de ansiedad y dolor porque Fanny, diez años mayor, era una mujer casada y con hijos. Stevenson le dedica buena parte de su obra poética, poco conocida, en la que la claridad y la transparencia logran una muy especial conexión con la vida. Consiguió maravillas literarias pero nunca hacer realidad lo que deseó en dos de sus versos más hermosos: “A mi dadme la vida que más quiero / y todo lo demás os lo regalo”.

QUE SE VAYA EL AMOR SI QUIERE IRSE

Que se vaya el amor si quiere irse.
No quieras, necio, interrumpir su vuelo
extravagante. Lo mejor de todo
lo que ha dado y se lleva se queda aquí.

Lo mejor queda aquí. Sería inútil
que tras dar la alegría y tras quitarla,
se la llevase para darnos pena,
si deja a su espalda al huir
la firmeza de un ánimo que sufra
con dignidad las cosas que suceden,
un fuerte corazón, y ser aún puros.
Estar siempre a la altura del destino,
ser dignos del amor que hubo en nosotros.
Es todopoderoso cuando llega
el amor, pero no cuando se va.
Que se vaya. Pues brota la semilla
al amparo del aire del verano,
crece y se fortalece, y cuando acaba
el tiempo del verano, queda en pie
un árbol que es perfecto.
La alegría
es algo que se da y que se arrebata,
Perdiéndola el dolor la sustituye.
¡Oh, amor! Dime, ¿qué importa que así sea?
Lo que nos diste, amor, ya es todo nuestro,
es imposible que alguien nos lo quite.
Un destronado rey será rey siempre,
y aún es suyo el amor del desdichado.

(traducción de Carlos Pujol para la edición de “Poemas” de R.L. Stevenson de la editorial La Veleta)

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