Etiquetas

Adam Zagajewski nació en Lvov, polaco aunque su ciudad de nacimiento –a la que ha dedicado poemas memorables- pertenezca actualmente a Ucrania. Perteneciente a la llamada “generación del 68”, participó, junto a muchos otros intelectuales y artistas, al movimiento disidente contrario al régimen comunista y tuvo que exiliarse en 1982, primero a Paris y luego a los Estados Unidos. Es profesor de la Universidad de Chicago y uno de los poetas polacos más reconocidos, traducidos y premiados. En algunos de sus poemas no se oculta su visión de la libertad aunque su obra no es “política” y él mismo ha dicho en distintas ocasiones, con un punto de ironía, que era “un disidente entre los disidentes” que entendía la poesía no como un arma política sino como un instrumento literario para conocer el mundo y conocerse a si mismo.

Esta realidad se observa claramente en “Tierra de fuego”, uno de los libros de Zagajewski publicados en España por Acantilado (también hay una antología del poeta polaco de la editorial valenciana Pre-Textos). La lectura de sus versos, como el libro citado o “Deseo”, fue para mi un descubrimiento apasionante y espero que lo sea también para quienes lea estas líneas sumergirse en su última entrega en español: “Mano invisible”, también editado por Acantilado. A veces, enfrentarse a uno de los “poetas relevantes” lleva a la desilusión o la incomprensión de tanto reconocimiento, pero no es el caso de Zagajewski. El lector va reconociendo una voz personal según avanza la lectura y una voz personal que dice, con maestría, aquello que Eliot llamaba “el convencimiento de que nos gustaría decirlo así si supiésemos escribir poesía”. Jamás se desconecta de la vida que nos parece verosímil ni se aleja de rastrear, a veces con ironía, el secreto que esconde.

Son hermosos los poemas que dedica a los ríos que conoció y admiró durante su estancia en Francia, el Garona y el Ródano, la visión de las ciudades y sus detalles urbanos, siempre conectados con los seres humanos y resultan conmovedores sus versos acerca de su infancia, sus secretos y sus promesas, y a su padre, que va perdiendo la memoria y alejándose de la realidad, como si de ese modo, además del amor filial, se despertase la evidencia de que todo encierra un misterio.

Mañana domingo, para sugerir un acercamiento más preciso a su obra, trascribiré uno de los hermosos poemas de Zagajewski.

 

Adam Zagajewski, “Mano invisible”, Acantilado, Barcelona 2012, traducción de Xavier Farré.

Anuncios