Etiquetas

Gabriel Celaya nació en Hernani en 1911 y falleció en Madrid en 1991. Ingeniero de profesión, dedicó su vida a la poesía como autor, lector, traductor y editor. Catalogado como uno de los grandes poetas sociales de España en el siglo XX a menudo se ha obviado su apego a la forma. Considerado como uno de los poetas preocupados por las cuestiones identitarias, frecuentemente se ha olvidado que en su identidad personal bullían, como se ve en sus versos, las cuestiones más íntimas.
Al final de los ochenta, la víspera del día de San Sebastian, Javier Bello Portu me invitó a cenar con él y Amparo, su inseparable esposa, en un restaurante de la Parte Vieja donostiarra. Poco a poco se fue animando y le pedía a Bello Portu que le cantara canciones tradicionales en euskera que él,a veces, acompañaba canturreando o llevando el ritmo dando golpecitos con la mano en la mesa. Pero, al sentarnos, cuando le pregunté cómo había sido el día, me dijo algo que no olvido: “Como todos… hoy ha sido el día más triste de mi vida”.

BOSQUES DEL NORTE

El temblor de los bosques
de pinos, transparente;
el mar, allá, muy lejos;
el viento como ausente.

Ese mundo remoto
que vivo, siempre intacto,
donde soy quien fui, niño,
aunque me siento raro.

Todo es distante, todo
real aunque lejano.
Todo es como ese amor
que cuando beso, apago.

¡Oh fábulas, distancias,
cuentos nunca acabados!
¡Oh bosques misteriosos!
¡Oh mundo aún no empezado!

En el Norte, yo vivo.
En el sur, todo es claro.
Hacia el Norte, perdido,
yo me siento imantado.

Cuando nieva, y el mundo
es puro, frío y claro,
y chocan los diamantes,
luz con luz, en lo exacto,

y todo tintinea,
y todo está parado,
yo me voy con los Elfos,
o ellos vuelven, jugando.

En el Norte, los bosques
y el silencio aumentado
o lo extraño del hecho
más vulgar, visto en claro:

la ausencia que golpean
los números exactos,
y el oír en la nieve
cómo suenan los pasos,

remotos, ¡ay, remotos!,
distantes, más pautados,
sonando de uno en uno,
contando, no sumando.

¡El bosque! ¡Nuestros bosques!
¡Del temblor más callado!
La presencia invisible.
Lo locamente hallado.

Y la infancia, el recuerdo,
y el penúltimo dato:
la leyenda perdida,
¡oh, tú, belleza, espanto!

En el bosque entrañable
y remoto -¡tan blanco!-,
el mundo coincidía
en luz con lo más raro.

Anuncios