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Borges, acosado ya por la ceguera, iba rumiando por la calle sus poemas. En una de esas ocasiones, el 11 de julio de 1974, entró en la Librería de la Ciudad  y le pidió a la librera, Anneliese von der Lippes, que se pusiese ante la máquina de escribir porque iba a dictarle un poema. La librera mecanografió lo que el escritor le dictaba en una cuartilla en la que, después, escrito a mano, aparece el título -”Soy”- y un cambio y un añadido. La segunda estrofa (“Soy el que es nadie…”) debería estar al final como indica esa palabra -”final”- y una flecha. Y en aquel lugar, con la indicación “(x) falta”, una nueva estrofa, también escrita a mano.
Tengo en mi casa, como ya he contado en otras ocasiones, dos tesoros de Borges que son, para mí, dos impresionantes regalos de uno de sus amigos, el escritor uruguayo Ruben Loza Aguerrebere, el autor del cuento “El ladrón de Borges” que tanto gustó al bonaerense y que le pedía que le leyera una y otra vez. Hay un documental de la BBC en el que piden a Borges que recite algún poema y el escritor dice: “Ruben, venga, léalos usted”. Y allí permanecen juntos, los dos, el uruguayo leyendo a Borges y este, pegado a él, sonriendo. Uno de los regalos es la cuartilla que acabo describir, un tesoro sin duda, y el otro un libro dedicado a Borges por Montale que, como no le gustaba, dio a su secretaria y ésta a Loza Aguerrebere porque sabía que amaba a los dos: a Montale y, sobre todo, a Borges.
Cualquiera de los poemas de Borges serviría para celebrar la literatura y el domingo pero, claro, este es para mi muy especial. “Soy” fue incluido en el libro La rosa profunda, publicado en 1975.

SOY

Soy el que sabe que no es menos vano
que el vano observador que en el espejo
de silencio y cristal sigue el reflejo
o el cuerpo (da lo mismo) del hermano.
Soy, tácitos amigos, el que sabe
que no hay otra venganza que el olvido
ni otro perdón. Un dios ha concedido
al odio humano esta curiosa llave.
Soy el que pese a tan ilustres modos
de errar, no ha descifrado el laberinto
singular y plural, arduo y distinto,
del tiempo, que es de uno y es de todos.
Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.

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