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A quienes hayan estado enamorados y, de pronto, han tenido la sensación, momentánea o más permanente, de que la persona amada, que sigue ahí, ya no está a nuestro lado, recomiendo la novela de David Grossman “Delirio”. Y también a los demás. El amor es un tema constante en la obra (“Véase: amor” es, por cierto, el título de una de sus novelas) de este escritor israelí. El amor en todas sus formas, que van desde el amor paterno al más sexual. Grossman es autor, en este sentido, de una de las novelas más desgarradoras de los últimos tiempos, escrita tras la experiencia tremenda de la muerte en 2006 en la Guerra del Líbano de su hijo Uri, sargento de una unidad de tanques, justo el día en que el novelista, junto a otros escritores de Israel, pedían públicamente el fin del conflicto. “La mujer que huía del anuncio” es la historia de una madre que abandona su casa y se escapa para que no le den la noticia que sabe que van a darle: que su hijo ha muerto.
“Delirio” cuenta la peripecia de una pareja, Shaul y Elisheva, contaminada por los celos que él siente. El los siente cada vez que ella, todas las tardes, sale de casa “para ir a nadar” y, en conversación con su cuñada, hace que, con sus preguntas, se vaya elaborando una sospecha cada vez mayor, más trufada de dudas y de miedos. Los celos son, sea cual sea su base, una ficción como la invención de un paraíso del que nos sentimos expulsados; como la relación amorosa es una construcción de la persona amada a través de recuerdos, detalles, sensaciones, etc. que terminan por ofrecer siempre una imagen distinta de la real de la otra persona. Y debemos saber que o recomenzamos de nuevo la reconstrucción como un proceso creativo permanente o el amor desaparece.

“Delirio”, de David Grossman, ha sido traducida por Ana María Bejarano y publicada por Lumen (230 páginas; 17,90 euros)

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