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La “memoria histórica” es una cuestión que revolotea constantemente sobre nosotros y que, estos días, ha vuelto a la actualidad con las propuestas de la Comision sobre el Valle de los Caidos y la recomendación polémica acerca del traslado de los restos de Franco al lugar que determine su familia.
Independientemente de esta propuesta, no aprobada por unanimidad en el seno de la citada Comisión, la aprovecho par recordar que la llamada “memoria histórica” no es la Historia establecida, aunque sea -como en toda conclusión científica- provisional, es decir, abierta a que nuevos datos e investigaciones puedan señalar hipotéticos errores. La “memoria histórica” es, como su propio nombre indica, subjetiva y no científica, el modo en que alguien, solo o acompañado po otros, recuerda o experimenta en la distancia un determinado pasado. Se habla ahora de que la pervivencia de una interpretación del pasado depende de qe se consiga que tenga carta de naturaleza en la opinión pública un “relato” de lo ocurrido, casi como si tuviera que batallarse entre punos de vista dispares por el triunfo del propio aunque el relato, que también puede ocurrir, sea de ficción. Ante el previsible fin de ETA, por ejemplo, se insiste ahora bien en la prevalencia de un “relato” o bien en la necesidad de dar con uno “compartido” como si salirse con la suya fuese más importante que ser razonale. El lehendakari López ha citado en alguna ocasión la respuesta de Clemenceau a la pregunta sobre la posible interpretación futura de la Gran Guerra: “No creo que nadie diga que Bégica invadió Alemania”. La verdad histórica de que ETA, a lo largo de toda su existencia, ha tenido como ideología y como instrumento el terrorismo e algoimpepinable que no puede ser soslayado por la imposición o por el apaño de un “relato” de la memoria que se considere, falsamente, útil para ciertos intereses en el futuro inmediato.
Si cada cual tiene su inevitable “memoria histórica” – aceptando que aún subjetiva sea honrada (hacen bien los ingleses y franceses al decir que saber las cosas de memoria es saberlas con el corazón)- lo exgible es que, con el paso necesario del tiempo, no sea maniquea ni concebida como un arma arrojadiza, sino, como escribió Todorov en un breve ensayo sobre la cuestión, “ejemplar”. Es decir, propiciadora de que nuestra manera de ver las injusticias del pasado, por muy plural y contradictorio que sea, busque siempre el modo de que no vuelvan a repetirse.

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