Etiquetas

, ,

Se ha puesto de moda decir que han sido los mercados los que han terminado con Berlusconi, como si “los mercados” se hubieran presentado en el palacio presidencial, hubieran tomado el Parlamento o, mediante agentes interpuestos, hubieran obligado al presidente de Italia o a los diputados a retirarle la confianza. Sirve el latiguillo para insistir en que “los mercados”, que nadie termina por concretar o identificar, dominan la política y en que, en casos como los de Italia o Grecia, se imponen a la democracia o a la soberanía. Tan poco esfuerzo se dedica a la identifiación y a explicar el modo en que los famosos mercados terminan con gobiernos e imponen nuevos gobernantes que en un periódico de derechas he leído incluso una tópica referencia a su mano invisible.
Sin embargo, Berlusconi ha tenido que dimitir porque ha perdido la mayoría en el Parlamento italiano tras el abandono de los que él mismo ha venido llamando “traidores”. No hubo consenso con la Oposición de centro-izquierda porque su política le pareció siempre a ésta un abuso de los más elementales principios democráticos. Perdió el de Fini y sus diputados por sus maniobras para escapar de la Justicia y por el uso privado del poder público. Perdió el de otros diputados centristas por los escándalos con que trufó sus vergonzosa forma de comportarse. Y ha perdido ahora el de algunos de los suyos por la mezcla reiterada de mentiras y falsas soluciones a la gravísima crisis económica del país que, de modo muy realista, le hicieron ver que el enemigo de Italia era él y no un vaporoso mercado. Han sido los representantes democráticos los que le han dado la espalda y han exigido, a la hora de aprobar las medidas de ajuste a las que Berlusconi se resistía por su inutilidad y por la dependencia de la Liga Norte, que dimitiera de forma inmediata.
Su sustitución por Monti es, por tanto, política y democrática. La desafección de los representantes democráticamente elegidos se ha ido incrementando en el tiempo de modo tan patente como público y en base a un modo de actuar contrario a la decencia y a los intereses -económicos y no sólo económicos- de los italianos. Ni “mercados” conspiradores ni manos invisibles que, en todo caso, han sido las del propio Berlusconi en la gestión de los asuntos públicos hasta ahora. Argumentar que Monti no ha sido elegido democráticamente es tan absurdo como decir que Berlusconi no lo fue. No hay en Italia-ni en Grecia- elección directa del primer ministro. Son elegidos lo diputados que integran el Parlamento y éstos eligen al primer ministro, en base al respaldo parlamentario que tenga. Lo hicieron así con Berlusconi y ahora con Monti.
Que la situación económica de Italia ha influido no tiene duda y que el hecho de haber colocado el país al borde del abismo y de la ruina ha contado a la hora de retirarle el apoyo tampoco. Pero la decisión ha sido política, de los políticos democráticos.

Anuncios