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Al parecer andan algunos entre alterados y enfadados porque se celebre aquí, seguramente por una mezcla de influencia americana y comercial, la Noche de Halloween, una fiesta -dicen- “importada y pagana”. Es más bien, adaptada y religiosa, aunque lo religioso, decía el sagaz Kafka, se pierde como las personas.
La fiesta es celta y, originariamente, más que una noche de brujas y de historias truculentas, era la ocasión en que se abrían las puertas al más allá para que los espíritus -y en especial los familiares- pudieran atraversarla y pasar unas horas anuales entre los vivos. Los disfraces trataban de ahuyentar a los espíritus malignos pero con los buenos se comía y se bebía y, si se podía, se lograba alguna enseñanza o adivinación. Así, fue fácilmente cristianizada coincidiendo con el día de Todos los Santos, los buenos espiritus que no habían quedado consignados en la liturgia, y el Día de Difuntos, de carácter, hasta hoy mismo, más familiar
Hoy se me ha ocurrido paganizar el día con, quizá, uno de los músicos menos paganos de la actualidad. Con Tom Waits que, en esta canción -“Innocent when you dream”- habla de la inocencia que se impone a los brazos que, aunque fuesen prenda de amor, se perdieron, a las promesas rotas y los abandonos, y que, de pronto, aparece cuando se sueña. Y “corriendo por el cementerio / reíamos mis amigos y yo / juramos que estaríamos juntos / hasta el día en que muriéramos / hasta el día en que muriéramos”

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