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Wilfred Owen nació en Oswestry (Inglaterra) en 1893 y estudió en la Universidad de Londres Botánica y, posteriormente, Inglés Antiguo. Al terminar sus estudios viajó a Burdeos en donde dió clases de inglés y francés. Al estallar la Gran Guerra se alistó en el ejército y sirvió en el 2º Batallón en Francia desde finales de 1916 hasta el verano de 1917, momento en el que fue devuelto al Reino Unido por incapacidad transitoria. Catorce meses después volvió al frente y fue condecorado con la Cruz Militar al Valor tras una dura batalla en la que estaba al mando de una compañía. Su correspondencia con otros poetas de su generación, como Graves o Sassoon, revela que el apuesto Owen tenía tanta entrega, tanto desapego al lenguaje militar como desprecio a los que, en la retaguardia, no entendían el valor y el significado de los combatientes, como espíritu sensible. “Sólo puedo decir -escribió Sassoon- que era un hombre de una absoluta integridad mental”.  Intentando llevar a sus hombres a través del canal de Sambre-Oise murió el 4 de noviembre de 1918. Britten incluó más tarde algunos de sus poemas en los textos de su War Requiem.

HIMNO POR LOS JÓVENES MALDITOS

¿Qué campanas para estos que mueren como ovejas?
Tan sólo el ruido obsceno de las armas,
tan sólo el tartamudo retumbar de los rifles
podría hacer callar sus rápidas plegarias.
Nada de vanas pompas, ni campanas, ni rezos,
ni una voz plañidera sobre los locos coros,
los estridentes coros de gimientes cañones
o clarines que llaman desde tristes comarcas.

¿Qué velas sostendremos en esta despedida?
No en manos infantiles, sino en sus propios ojos
brillará ese sagrado fulgor de los adioses.
Será un pálido rostro su paño mortuorio;
la ternura del espíritu, las flores que lo adornen
y cada atardecer correrá, lento, un velo.

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