Etiquetas

, , ,

La llamada (o más bien mal llamada) Conferencia de Paz de San Sebastián ha resultado un fiasco para todos excepto para sus promotores, es decir, para la Izquierda Abertzale que encargó al señor Currin, su patrocinado, su organización. Estaba en los documentos cruzados entre Batasuna y ETA y trataba de obtener, en primer lugar, el reconocimiento “internacional” de la tesis del “conflicto” (obviando por unos y negando por otros que lo que había -y aún hay- es terrorismo puro y duro) y, así, una vía para conseguir un precio político no tanto de la desaparición de ETA, sino de su “cese” de acciones. Resulta sorprendente que se quiera conseguir algo a cambio de aquello a lo que la banda terrorista ha sido empujada por la firmeza del Estado de Derecho pero, como se ve, no es del todo imposible.
El procedimiento respondía a los objetivos de los promotores. Mientras unos y otros, con escasa o alguna representatividad, hacían de oyentes y comparsas, un grupo de elegidos por Currin tenían ya un papel que, en poco menos de tres horas de cónclave, firmaron e hicieron público. No sólo es el documento un insulto a las víctimas y a la dignidad de las instituciones democráticas espeñolas. El PNV salió trasquilado porque la exigencia de negociación con Francia y España y las consiguientes “mesas” políticas no era precisamente lo que había anunciado a unos y otros para que se sumaran al festejo. Ahora dice que “lo importante” es la petición del fin de ETA, como si lo demás fuera baladí, pero lo que en realidad piden los “facilitadores”, agentes de parte, es que “cesen” las “acciones armadas”, lo que es una vergüenza más que un eufemismo, una burla más que un buen deseo. El PSE salió trasquilado porque, a decir verdad, nada de lo que contiene el papel de marras podría interpetarse, sin ofender a los socialistas vascos, como una doctrina para ellos aceptable. Ahora dicen, con la boca pequeña, que estarán donde haya que estar para “dar pasos”, aunque estos hayan sido un retroceso a 2004 que de ninguna manera paliará la retórica del esperado comunicado de ETA.
Bildu y demás comparsas, que lo querían y lo impulsaban, están muy contentos: los geniales mediadores no piden el fin de ETA, no condenan el terrorismo y, además, piden la negociación típica de Batasuna desde hace ya mucho tiempo. Algunos, con razón, le han recordado a Kofi Annan que, en San Sebastián, ha dado la mano -en el conexto de una burla a la paz y a la libertdad de los vascos-, a unos anfitriones (el alcalde de San Sebastián y el diputado general de Guipuzcoa) que o han pedido tiempo o se han negado a dársela a las víctimas del terrorismo. Si Annan lo hizo por el sueldo, por un segundo de apariencia de utilidad o por ignorancia supina, allá él, pero más lamentable, y por lo mismo, ha sido ver en la antigua residencia veraniega de Franco a los señores Eguiguren y Totorika, del PSE, hacer lo que a Annan se reprocha sin que haya sueldo, utilidad o desconocimiento del zulo en que se metían. El lehendakari puede gritar ahora que la banda está en “absoluta soledad” pero nadie, desgraciadamente, podrá darle la razón, como muy bien saben los dirigentes de Bildu y otros alias que debe estar carcajeándose de sus deseos, los de López, de que no sean otros los que les hagan las campañas.
Por cierto, sin que deje de tener importancia, me parece un asunto secundario saber cómo y cuánto se ha pagado por esta trágica pantomima y a sus protagonistas. Además de sus consecuencias, me parece más aterrador constatar, tras la conferencia, la incapacidad del Gobierno, de este y los anteriores, para incluir en su acción exterior (diplomática, política e intelectual) la explicacion del carácter democrático de España, es decir, sin los “déficits” que le achaca la tribu de Currin y de la realidad de un totalitarismo terrorista que hay que destruir en vez de valorar. ¡Qué triste!

Anuncios