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Si hay un tema de discusión absurdo, el de “tú recortas, yo no” es candidato principal a llevarse la palma. Resulta, en esta representación un tanto esperpéntica, que la reducción de las partidas de Educación y Sanidad de los Presupuestos Generales del Estado no son recortes, que las medidas restrictivas en esas mismas materias de gobiernos autonómicos socialistas -incluso aumentando el déficit- tampoco, que la congelación de las pensiones, la reducción de salarios de funcionarios, la quita que supone la reforma de las pensiones, etc. no afectan al “Estado del Bienestar” porque no traspasan las arbitrarias “líneas rojas” que, en cada momento, pueda establecer el líder o el candidato del PSOE. Los recortes son del PP, incluso cuando los socialistas navarros, ahora en coalición con UPN en esa comunidad foral, los plantean como inevitables.
Pero parece, al mismo tiempo, que las medidas de ajuste, algunas muy importantes, de gobiernos regionales del PP (sucedan al PSOE o a si mismos) nada tienen que ver con los recortes innegables del Gobierno de Rodríguez Zapatero y son, causadas por los “malos”, los socialistas, operaciones de racionalización del gasto. Unos acusan a los otros de haber dado un hachazo a las políticas sociales; otros acusan a los unos de estar empezando a dar uno tremendo. Empezando, porque ellos nolo hicieron. Tras el que hicieron y no se repetirá. Desolador.
Las cuentas públicas están tan deterioradas que no solamente necesitamos recortes para nuestra propia supervivencia interna, sino porque también vienen impuestos tanto por la estabilidad del euro como por la necesidad de hacer los deberes exigidos por la intervención del Banco Central Europeo y los fondos comunitarios en la adquisición de nuestra deuda. Es impepinable y urgente. Lo es para la Administración Central como para las autonómicas, gobierne quien gobierne. Por eso, el cruce de acusaciones sobre quién es el único “recortador” no tiene sentido y habría que pasar, seriamente, al debate sobre aquello que se puede recortar y lo que debe preservarse, sobre las posibilidades de revisión de las competencias no sólo para evitar duplicidades y caos sino, como por cierto ha ocurrido en Alemania, para ahorrar y poder prestar más y mejores servicios, sobre las reformas estructurales convenientes para mejorar la competitividad y remontar el crecimiento económico, sobre la armonización y reforma del sistema fiscal tanto autonómico como fiscal.
Bienvenido sea el análisis razonable de la situación y el debate sobre como arbitrar lo que es tan necesario como inevitable, pero resulta frustrante que se quiera hacer pasar por esa discusión el cruce de acusaciones y el “tú más”. O, pero aún, “tú el único”.

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