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Vista desde aquí, en donde los partidos parecen anquilosados, la experiencia de las primarias del Partido Socialista Francés resultan, al menos a mi juicio, apasionantes. La campaña y los debates de seis dirigentes del partido para que uno de ellos sea elegido el candidato socialista en las elecciones presidenciales de 2012, el carácter abierto de las primarias (pueden participar todos los inscritos que paguen un euro y firmen una declaración de adhesión a los principios generales del PSF), el esfuerzo por presentar distintas alternativas con la contención precisa para que no se de la impresión de que se rompe la unidad, el debate político que genera extramuros, etc. me parecen, sinceramente, apasionantes. No se trata de coincidir con los planteamientos políticos del socialismo francés, ni con las estrategias particulares de los que compiten, sino el interés mismo del procedimiento de las primarias.

El resultado, según los analistas, es impredecible. Las encuestas que se han realizado no terminan por detrminar el electorado que participará en las votaciones ya que no son ni los afiliados, por su carácter abierto, ni la totalidad de los franceses o de los votantes de izquierda, ya que no todos optarán, lógicamente, por uno de los precandidatos. Las encuestas, que colocan por delante a François Hollande seguido de la primera secteraria Martine Aubry, revelan más que el posible ganador, el que la opinión pública considera con más posibilidades para batir a Nicolas Sarkozy el próximo año, pero no se puede determinar que los que participen en la elección se inclinen por este criterio o por el contenido de una propuesta ideológica y programática concreta. En las últimas elecciones presidenciales, la candidata Ségolène Royal fue desginada por su partido precisamente por considerar que era la que más posibilidades tenía en las urnas contra un Sarkozy que comparecía como un terremoto social y político. No salió bien. Ahora, el mejor situado es Hollande, pero no se puede saber el peso final que este criterio de oportunidad tendrá en los que votarán efectivamente, difíciles de identificar por el momento.

La actual mayoría insiste en que el debate interno de los socialistas generará una impresión de división interna que resultará nociva. Sin embargo, y aunque aún queda la fase final de las primarias, las encuestas -en el caso de Hollande y, en menor medida, enelde Aubry- no reflejan ese desgaste. Si en el comienzo de esta presidencia, Sarkozy parecía imbatible, lo mejor que se puede decir de él en este momento es que, con los meses que faltan para las elecciones, no está todavía batido, mantiene, a la zaga, una opción. El triunfo socialista es posible y el debate interno no ha abonado esa maldición autoimpuesta en los partidos por las direcciones de que el debate, en vez de generar propuestas más atractivas y elaboradas, produce desafección ciudadana.

Pero, pase lo que pase, resulta gratificante el debate entre distintos modos de entender el socialismo y entre las diversas maneras de encarar la crisis económica, aunque todas ellas aparezcan presididas por una cierta contención y una buena dosis de realismo, procurando dejar al margen el encantamiento demoagógico o ilusorio. Ganará el elegido o perderá frente a Sarkozy pero me resisto a aceptar que la confrontación respetuosa y la discusión política puedan dañar a los partidos o sean mal vistas por el electorado.

Y, además -y no me parece algo sin importancia- Hollande está demostrando ese tan serio sentido del humor que no debería dejar de estar presente entre los políticos de este grave momento.

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