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Escribí hace tiempo una biografía de Blas de Otero (“Blas de Otero con los ojos abiertos”). No se trataba de una obra de investigación ni monumental, sino una breve biografía y análisis de su obra de carácter divulgativo. Me sirvió, sin embargo, para que, leyendo y siguiendo los vericuetos vitales del poeta bilbaino, me sintiera de algun modo próximo a un honbre y un escritor que parecía no tener nada que ver conmigo. Blas de Otero tenía una visión del mundo que está en muchas cosas en las antípodas de la mía pero veia Bilbao en ese mundo de la misma manera que yo. Como muestra y homenaje al gran escritor, este poema.

BILBAO

Yo, cuando era joven,

te ataqué violentamente,

te demacré el rostro,

porque en verdad no eras digna de mi palabra,

sino para insultarte,

ciudad done nací, turbio regazo

de mi niñez, húmeda de lluvia

y ahumada de curas,

esta noche

no puedo dormir, y pienso en tus tejados,

me asalta el tiempo huido entre tus calles,

y te llamo desoladamente desde Madrid,

porque sólo tú sostienes mi mirada,

das sentido a mis pasos

sobre la tierra:

recuerdo que en París aún me ahogaba tu cielo

de ceniza.

luego alcancé Moscú como un gagarin de la guerra fría,

y el resplandor de tus fábricas

iluminó súbitamente las murallas del Kremlin,

y cuando bajé a Sganghai sus muelles se llenaban de barcos del Nervión,

y volé a La Habana  y recorrí la Isla

ladeando un poco la frente ,

porque tenía necesidad de recordarte y no perderme

en medio de la Revolución,

ciudad de monte y piedra, con la mejilla manchada por la más burda hipocresía,

ciudad donde , muy lejos, muy lejano,

se escucha el día de la venganza alzándose con una rosa blanca junto al cuerpo de Martí.

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