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Desconozco las razones -en todo caso sorprendentes- por las que el lehendakari López desea convertirse una y otra vez en comentarista sociológico de las sentencias judiciales que afectan a eso que, un tanto eufemísticamente, se da en llamar “izquierda abertzale”. Se advierte en sus referencias a estas cuestiones un interesado -pero, insisto, sorprendente- uso de la retórica, ya sea subrayando lo obvio o metiéndose en absurdos vericuetos. Lo hizo en el proceso de legalización de Bildu diciendo primero que deseaba que la coalición fuera legalizada y, después, que con eso quería decir que la legalización significaría que Bildu nada tenía que ver con Batasuna y ETA, lo que no tiene ningún fudamento. De hecho, la sentencia del Tribunal Constitucional no dice lo que el lehendakari quería que dijese, sino que las sospechas no constituyen, en el nivel de pruebas que se presentaron ante él, prueba suficiente para impedirle la presencia en las elecciones. De hecho también, resulta paradójico que el lehendakari diga, al mismo tiempo, que Bildu debe alejarse de lo que la banda supone y que no tiene nada que ver con ese mundo del terror por la sentencia del Constitucional.

Ahora, tras algunas otras incursiones en la ambigüedad o en la pretendida intención de diferenciarse de posturas más intransigentes (como la del propio Gobierno de su partido y la Fiscalía General del Estado), subraya que entiende la frustración que la sentecia dela Audiencia Nacional condenando a Otegi y sus colegas puede producir en ciertos sectores de la misma “izquierda abertzale”. Se me dirá que es una obviedad o, mejor, que lo sería si quienes aseguran que las sentencias de la Audiencia son “políticas”, dictadas por el poder, esperasen en este momento otra cosa. Pero no es una obviedad, sino una muestra de un interés particular, que el lehendakari hable de frustración en este caso, sin referencia alguna al contenido de la sentencia, y no lo hicera cuando, hace no tanto, la misma Audiencia absolvió a Otegi con el enfado -y en este caso si frustración- de otros sectores de los ciudadanos del País Vasco. Es más, no resulta tan obvio, aunque sí significativo, que callara cuando, antes de la sentencia, sus compañeros de partido en Guipúzco registraron en las Juntas Generales una proposición pidiendo la absolución de Otegi y los suyos y que, puestos a reseñar pretendidas obviedades, no señale lo frustrante que resulta que esos sectores tan sensibles de la “izquierda abertzale” no se sientan frustrados porque sus jefes y valedores no se alejen de ETA y sólo por los que se lo recuerdan judicial o políticamente.

Si además añade que la frustración por la sentencia se produce en “la fase final” del terrorismo, abona la idea de que éste, el final, depende más de la estrategia de esos sectores que de la continuada acción del Estado de Derecho. Si tiene un consejero de Interior en su Gobierno que, aunque coincida con él, es más inteligente y habilidoso con las declaraciones, no se entiende muy bien por qué López habla y habla abriendo innecesariamente tantos boquetes impresentables.

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