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Esta mañana de lunes, las Bolsas han comenzado la jornada a la baja. La explicación que se lee y escucha hace referencia a las declaraciones de la directora general del FMI al semanario alemán Der Spiegen sobre un riesgo inminente de una rcesión global (que aún podría contenerse, añade) y al coincidente anuncio del presidente del Banco Mundial sobre la entrada en “una nueva zona de peligro”. A continuación, como en otras ocasiones, se han venido haciendo críticas -en ocasiones encendidas, en algunos casos furiosas- sobre la “imprudencia” de unos análisis que producen estas tormentas. Con los informes de las agencias de calificación pasa a menudo lo mismo: una advertencia o un informe son, al parecer, la causa de las caídas en las bolsas o la elevación de los tipos de interés de la deuda y, por ello, criticados como elementos desestabilizadores de las economías occidentales. También muestra, según muchos, de una suerte de conspiración del mundo económico contra la prevalencia de la política, pero sobre estas supuestas maniobras trataré de dar mi opinión en otra ocasión.

Ahora me interesan esos análisis de organismos internacionales y entidades privadas de calificación y me permito recordar, por no alargar los ejemplos, que cuando el vicepresidente de la Comisión Europea, el español Joaquín Almunia hizo algunas adevertencias sobre lo que a su juicio iba mal en España y debía corregirse, también fue criticado por su imprudencia y por las consecuencias negativas que, ante inversores y otros países, podían tener sus palabras. Mi pregunta es si, en realidad, lo bueno, lo que se sugiere, es que unos y otros, autoridades públicas o no, deberían comprender que su “prudencia” consiste en mentir. Es decir, que si están convencidos de los riesgos graves de una situación o unas políticas -o falta de ellas- deberían, sin embargo, callar o decir lo contrario para evitar que, al día siguiente, las bolsas bajen o los intereses de la deuda suban. O si, lo que se les debe exigir, es que digan la verdad y llamen la atención sobre lo que les preocupa.

No son infalibles, es verdad, pero me parece que lo lógico sería replicarles (a Legarde, a Zoellik, a Almunia, a Moody’s o a tantos otros) con otro análisis distinto o con los fallos que se advierten en el suyo. Es decir, hoy mismo, habría que saber si alguien puede confirmar que no estamos ante un evidente riesgo de nueva recesión o que ,a economía española tiene una salud que no advierten, por error o por mala inención, las agencias y los organismos internacionales. Sin embargo, parece reclamarse a todos ellos que oculten lo que saben o callen lo que concluyen con sus análisis como si el único medio de resistir fuera el silencio o la mentira.

Hay que advertir, además, que los malvados “mercados”, los que hoy hacen bajar la bolsa o subir los intereses, serían, según esta argumentación extendida, no unos señores conspiradores ajenos y dominadores de la política, sino extremadamente influidos y dominados por ella. El FMI advierte, el Banco Mundial constata, el presidente del Gobierno argumenta que la reforma consitucional responde a una grave situación, la Comisión Europea observa y los “mercados”, totalmente persuadidos, se retraen o piden más garantías para prestar dinero. ¿O no se están reclamando bonos europeos porque se es consciente de que nuestras garantías particulares no son suficientes? Lo importante, me parece, es la verdad de la situación, cuyo conocimiento es un derecho, y a los malos augurios habría que responder, en su caso, con otros argumentos de más peso.

Pero va pasando la mañana y nadie me los ofrece.

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