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Tras la caída de
Gadafi, aunque todavía no haya sido encontrado, comienza un reto impresionante
para un país azotado por la dictadura y la represión más brutal durante más de
cuarenta años. No se trata sólo de la reconstrucción de un país, de su
producción petrolífera y de volver a poner en pie ciudades destruidas durante
estos últimos meses, sino de construir un Estado de Derecho y una democracia
inexistentes en una Libia que, hasta el momento, ha funcionado con la
estructura de tribus dominadas por Gadafi. El Consejo Nacional de Transición,
que es plural y en el que tienen un peso decisivo no solamente los enemigos del
dictador, sino los demócratas, tiene ahora una responsabilidad decisiva que
nunca quedará subsumida por la necesaria ayuda internacional.

Si es lógica la
exigencia de justicia, para poner las bases del nuevo estado, habrá que
desechar la venganza, comenzando por el propio Gadafi que, si es detenido como
se espera, debe ser puesto a disposición de la Corte Penal Internacional que le
reclama. Ojalá la transición llegue a buen puerto y la legalidad y las
elecciones democráticas sean el punto de partida de una nueva época. No creo
que haya argumento más falaz acerca de los países que han vivido y siguen
viviendo esa “primavera” que ha asombrado al mundo que el de que no están
preparados para la democracia. Se decía de nosotros hace apenas cuatro
decenios, se ha dicho de otros países en estos años que, todo lo perfectibles
que se quiera, tienen y tenemos instituciones democráticas que defienden la
libertad e impiden la arbitrariedad del poder.

Muchos de los represaliados
por Gadafi, antes y durante el comienzo de la rebelión de los libios, dan
muestra de que los seres humanos ansían su libertad, sea cual sea su cultura o
su religión. No es una avenida que se transite si más, sino un empeño que hay
que mantener a diario ante el peligro del totalitarismo y la dejadez de muchos.
Por eso, ahora, cuando comienza una nueva época en Libia, quiero, de modo
humilde pero convencido, rendir aquí homenaje a Mohamed Al Nabus, un ingeniero
de telecomunicaciones que se convirtió en el símbolo de la resistencia y la
lucha por la libertad en Bengasi. Su palabra a través de un blog y las imágenes
que grabó y transmitió al mundo en la emisora de televisión por internet que
fundó hicieron ver al mundo, y también a muchos de sus conciudadanos, lo que
estaba ocurriendo. “No os olvidéis de Libia” clamaba pidiendo ayuda. “Debemos
hacer algo ahora” reclamaba en su blog tres días antes de ser asesinado por un
francotirador cuando grababa al ejército de Gadafi atacando a la población
civil. Esperaba un hijo.

Si personas como él
encendieron la mecha de una “primavera” en la que se exigía libertad y se
abominaba de la dictadura, espero que su memoria, dentro y fuera de Libia,
sirva para sustentar la transición democrática que tan valientemente pedía.

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