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Los grandes –o no tan
grandes- sindicatos, solos o en compañía de otros- se van a manifestar ante el
Congreso y el Senado, además de poner en marcha otras protestas, contra la
reforma de la Constitución para establecer en ella reglas de estabilidad
presupuestaria. No menos, ya que van más allá de la petición de que la reforma
se lleve a cabo en todo caso mediante referéndum, pero sí más porque lo que les
lleva a movilizarse de modo tan particular es la sorprendente conclusión de que
la reducción del déficit sólo se podría lograr mediante el deterioro del tejido
social. No se trata solo de oponerse a que las reglas de contención del déficit
tengan rango constitucional, sino de subrayar su desesperanza en cualquier
política económica que no sea la ruina. Porque el déficit, que aumentaría sin
ninguna duda sin contención, aunque sólo fuese por los intereses crecientes de
la deuda, lleva a la ruina y al colapso, sobre todo después de haber comprobado
este mes de agosto que, sin una intervención directa del Banco Central Europeo,
nos veíamos –nos vimos- abocados a tener que suspender las emisiones de deuda.

Negar que tenemos un gravísimo
problema de deuda, directamente relacionado con el déficit, es, sencillamente,
negar la realidad. Se puede discutir dónde y cómo deben estar las reglas de
estabilidad (en la Constitución o fuera de ella, con cifra concreta o no), pero
la defensa del déficit es, tal y como están las cosas, un suicidio económico. Y
establecer una relación directa entre déficit y Estado del Bienestar,
demagogia. Queda por aclarar si para los sindicatos las subvenciones que
reciben es parte del tejido social que el déficit debe soportar y que, por el
contrario, las pensiones, reducidas con su anuencia –porque se redujeron-, no
constituyen ni tejido social, ni Estado del Bienestar ni nada parecido.

Por otro lado, y a
mayor abundamiento, hay otro “argumento” en este anuncio de manifestaciones y
protestas que resulta estrafalario. Por un lado, se señala que esta reforma –que
vincula el déficit a las reglas europeas- limita nuestro “autogobierno” y
nuestra “soberanía” para, al mismo tiempo, pedir un Gobierno económico europeo –“contra
los mercados”- y la emisión de deuda del Banco Central –“contra la especulación”-.
Quien piense que puede haber un Gobierno económico europeo sin transferencia de
soberanía y deuda europea sin estrictas reglas a los estados miembros vive en
las nubes o quiere que los demás vivamos en ellas.

Reivindicaciones sí,
pero un poco de seriedad también. Incluso para salir a la calle sin tener una
alternativa razonable.

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