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El gran divulgador de
la obra del compositor guipuzcoano Felipe Gorriti fue el director de orquesta
Javier Bello Portu. Otros han escrito sobre él o han interpretado sus
partituras, pero nadie tanto y como él. Nadie, quizá, tuvo su sintonía con el
maestro de capilla de Tolosa, reconocido en vida en toda Europa y, desde luego,
nadie ha logrado hasta ahora recoger en la memoria (que a Bello Portu le
gustaba recordar que en francés e inglés es “con el corazón”) los rastros
intelectuales y vitales de la trayectoria de Gorriti.

A Bello Portu le
gustaba recordar que Unamuno, tachado por algunos de poco o nada amante de la
música, había mostrado su emoción en una carta tras haber escuchado el Miserere
“Grande” de Gorriti. Y recitaba con fruición la larga lista de premios internacionales
de la Sociedad de Organistas de París que terminó pidiéndole que, en
posteriores convocatorias, presentara obras fuera de concurso para dar
oportunidad a otros compositores. Siempre divertido, narraba el comentario de
Isabel II al entregarle a Gorriti un premio, quizá el de la Exposición de
Barcelona: “¡qué ojos azules tiene este
muchacho!”. Un comentario –añadía Bello Portu entre risas- que dice más
de la reina que del músico. Y narrar cómo su inquina –recíproca- a los
carlistas le llevó al “exilio” en Madrid y cómo este voluntario destierro
amplió sus relaciones, sus amigos, sus influencias.

Oteiza, que gustaba de
bromas amistosas y admirativas acerca de Javier Bello Portu (“Voy a decir a los
de ETA que te secuestren y no te suelten hasta que graben todo lo que sabes…”),
me dijo un día: “Javier hace más por el país interpretando a Gorriti en el
Festival de Loyola que todos estos politicastros que tenemos. Y de modo más
inteligente y más hermoso”. “Te lo digo yo, coño” añadió como si fuese
necesario subrayarlo.

Os dejo con el
Magnificat de Difuntos de Felipe Gorriti

 

http://youtu.be/-SX2BMzkFSQ

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