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Desde la carretera,
sobre los tejados de Burgos que se ven a la derecha, sobresalen las ajugas
imponentes de la catedral. Los chapiteles parecen querer, desde hace más de
seis siglos, alcanzar el cielo. Ahora, más arriba, por encima del montículo
del castillo, rozan el cielo con sus aspas las torres eólicas, que no necesitan
ya la base piramidal de las agujas de la catedral y se diría, desde lejos, que
se balancean vanidosas.

Unas, las agujas,
parece que querían, metafóricamente, alcanzar el cielo. O quizá sólo demostrar
que era posible. Otras, las torres tubulares, parece que quieren conquistarlo,
obtener del viento un rédito inmediato. Bajo los chapiteles, en la portada de
Santa María, alguien esculpió la leyenda “Pax vobis”. ¿Qué pondrá al pie de las
torres y las aspas?

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