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Las declaraciones del
diputado general de Guipúzcoa sobre las víctimas catalanas de ETA, que serían “un
error” ( “más que un error”) por el apoyo que los vascos habían recibido de los
catalanes son, al mismo tiempo, una vergüenza y un síntoma. No está mal la
calificación del candidato socialista Pérez Rubalcaba de “obscenidad” porque,
además de repulsivo, revela lo que la Izquierda Abertzale de Bildu no quiere, aunque
sea más que real, poner en escena, es decir, lo que se oculta en la búsqueda de
un relato que, política e históricamente, es una  ficción. El asesinato, en vez de ser
reprobable en todos los casos, es  “un error”
cuando –hipotéticamente- las víctimas han hecho lo que el terrorista o sus
valedores le demandaban. Refiérase Garitano al apoyo recibido por Batasuna en
las elecciones europea anteriores al atentado de Hipercor, como se ha
especulado, o a otro tipo de diarrea mental, las palabras del dirigente
guipuzcoano, revelan el concepto escandaloso que aún preside su ideología de la
dignidad del hombre y los derechos humanos.

La obscenidad y la
barbarie de la afirmación se complementa, para ser del todo reveladora, con algunas
reacciones en su entorno. Unas, el contento, es decir, la coincidencia en el
principio de que, quienes se oponen a un “apoyo” a “los vacos”, que son los que
piensan como ellos, no pueden extrañarse de que haya habido violencia y de que,
quienes coinciden, allí donde estén, deben conformarse con el reconocimiento de
un error estratégico y no pedir una condena moral. Oras, subrepticias,
lamentando que el señor Garitano se muestre tan explícito, que vienen, según
relatan fuentes “bien informadas”, de compañeros suyos de la Izquierda
Abertzale, incapaces, claro, de decir lo contrario del diputado general. Se
puede ser amigo de los asesinos pero no está bien, estratégicamente, decirlo
tan clara y burdamente. Las terceras, estrambóticas, de algunos socios de
Bildu, como Alternatiba (a la que siempre se añade una “trayectoria democrática
indudable”, quizá por inexistente), que señala que las críticas a Garitano se
basan en sacar su afirmación “de contexto” siendo el contexto no otras cosas
que hipotéticamente dijera, sino el lugar y el público, que eran, como se dice
ahora, “netamente soberanistas”. Y, por no agotarlas de una vez, la de Carlos
Garaikoetxea que afirma en una entrevista periodística que él, y quizá su
partido, sería más severo en la exigencia a ETA al tiempo que elogia la
moderación de Bildu ante los ataques que supuestamente recibe. La hopocresía es
doble –o triple  si se tiene en cuenta el
curioso “sería”- porque nada de esa severidad exigió EA a la Izquierda
Abertzale cuando constituyeron la coalición de la que forman parte.

Bien, pues esa es la
Bildu que tenemos, y tampoco es ninguna sorpresa. Soportar lo insoportable ya
es triste. Insistir, también obscenamente, en que avanzamos es demasiado.

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