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En el comienzo de este verano leí “El espía” de Justo Navarro. Es, a mi juicio, una magnífica novela en la que, magistralmente, nos presenta un Pound, siempre humano y en el fondo débil (como corresponde a los humanos), propagandista del fascismo, pero tan caótico que lo mismo podría ser el hombre que se pone a si mismo en ridículo con toda seriedad o que otros terminen considerando un espía norteamericano en el escenario tremendo de la Segunda Guerra Mundial. Justo Navarro sabe acercanos a toda su complejidad, recordar sus glorias del pasado y su bonhomía constante, y hasta hacer de si mismo, del autor de la novel, un personaje más atribulado por el desconcierto y las pesquisas.

En “El espía”, vemos a Pound, esperando el juicio en Washington, exclamando “yo salvé a Vivaldi, yo salvé a Vivandi”, un músico al que amababa tanto como su amante Olga Rudge, violinista especialista en el compositor, que había programado “Judit triunfante” en la última Semana Vivaldi que dirigió en Siena en 1941, días antes de que se iniciara la Operación Barbarroja de Hitler contra la URSS. Una obra paradigmática porque en ella unos veían el triunfo de Venecia, que el oratorio conmemora, en alianza con Austia y el Sacro Imperio Germánico y, otros, una invitación al asesinato de Mussolini, como Judit cortó la cabeza de Holofernes.

Para animaros a leer la novela os dejo aqui un fragmento de Judit Triunfante, el “Armatea face et anguibus” interpretado por la grandísima Teresa Berganza.

 

http://youtu.be/xuqyPLSyovY

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