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Como estamos en un
país –no el único, ciertamente- en el que las conspiraciones son utilizadas a
menudo habrá que subrayar que suelen aparecer cuando los hechos no ofrecen la
explicación que buscamos (no la que los hechos justifican, sino la que
previamente buscamos) y resulta más fácil encontrarla en una serie de
apriorismos fantasmagóricos. Una cosa es exclamar ante cualquier hecho “esto es
increíble” y otra convertir en increíble todo aquello que no nos place.

El sociólogo francés
Pierre-André Taguieff dibuja esta enfermedad intelectual en una red en la que,
ya sea como causa o consecuencia, se quiere, a un tiempo, negar la posibilidad
del azar, de las coincidencias o de las meras contingencias y pensar así que todo
es el resultado de voluntades malignas y secretas. Quizá por ello los
conspiracionistas se suelen detener en los acontecimientos negativos (de la
crisis al asesinato) y no son amigos de ofrecer explicaciones semejantes a las
cosas que les benefician o mejoran su existencia.

Las conspiraciones
como explicación general de lo que no entendemos o no queremos entender, de lo
que no nos conviene, aceptan, sin prueba alguna, que la verdad nunca podrá
prevalecer, porque siempre está oculta y subterránea, ni tampoco cualquier
procedimiento de negación científica de un hecho porque todo estaría conectado,
falseado, dominado tenebrosamente. No hay en su elucubración sin pruebas
ninguna contradicción aceptable para ellos mismos porque, en ese esquema, no
serían sino construcciones impuestas por cómplices y conniventes.

Da igual que se trate
de la crisis económica o de los atentados del 11-M, la conspiración es una
respuesta más fácil que el esforzado análisis de los hechos y el desbrozamiento
de las complejidades y los falsos prejuicios. Da igual estar a la derecha o la
izquierda, porque el recurso sirve no para contradecir lo que el adversario
trata de explicar, sino para contradecir al adversario, maestro de ocultaciones
y maniobras secretas. El mal del mundo, para estos fanáticos convertidos en
denunciantes de conspiraciones, es siempre lo que está fuera de ellos, lo que
no entienden, lo que no encaja en su esquema dogmático. A veces parecen
complejos pero son de una simpleza apabullante.

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