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Eso que llaman las redes sociales, y que no es otra cosa que una nueva forma de las sorpresas de la vida (las que te enredan y, al mismo tiempo, te impiden caer), me ha servido para reencontrar un poeta al que había leído hace nucho tiempo, siempre con admiración tanto por su profundidad como por un extraordinario sentido de la palabra y del ritmo que se te cuela muy dentro. Ahora, gracias a los nuevos senderos, Miguel Veyrat se ha convertido en un amigo verdadero, y diario, con el que converso, me río o lloro, aprendo y pienso. Como antes con sólo su obra, ahora con él su obra, me siento acompañado. Os dejo con “Códigos perdidos” de el poemario “Conocimiento de la llama”.

 

 

Códigos Perdidos

 

Bajo el agua,

con los ojos abiertos

lucha mi cuerpo.

 

La boca apenas pronuncia

y no llega el pensamiento

de la sombra donde está,

con la palabra en el viento.

 

De la cueva, mil burbujas

acuden sin sentido

al laberinto del Tiempo:

Expulsado de la luz

ya no responde

al grito de mis ojos,

en las tinieblas del Verbo.

 

Inmutables son

las tempestades.

 

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