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El grupo municipal de
Bildu en Vitoria invitó al diputado general de Guipúzcoa, Martín Garitano, y al
alcalde de San Sebastián, Juan Karlos Izagirre, de la misma coalición, a la
balconada del Ayuntamiento de la capital alavesa, para que asistiesen al “txupinazo”
con el que comienzan las fiestas. Aceptaron, claro, acompañados de
representantes de EA, Alternatiba (representantes de Alternatiba significa “los
de Alternatiba”) y “de la Izquierda Abertzale”, además de familiares de presos
de ETA de la asociación Senideak. Ante tamaña biribilketa los partidos
representados en el Ayuntamiento, en vez de llenar la balconada de víctimas de
la banda terrorista, decidieron, como si todo se resolviese con buenas dosis de
cinismo, “no usarla con otro objetivo que la celebración festiva”.

A Izaguirre le
preguntaron en una emisora de radio sobre las proposiciones del PP para que los
ayuntamientos vascos condenaran todos y cada uno de los atentados de ETA y
(aunque era una radio se notaba que se ponía de perfil) no se le ocurrió otra
cosa que decir que hacía falta tiempo. Poco antes de salir para Vitoria, Martín
Garitano, que se había reunido con familiares de presos de ETA, declaró que “no
estamos en el tiempo” de abordar el daño sufrido a las víctimas porque estamos
todavía “saliendo del conflicto”.

Bien, como hay tanta
adormidera sobre estas cuestiones, preguntémonos qué nos parecería si los
representantes de un partido político dijeran una y otra vez que ahora no es el
momento para abordar el daño sufrido por las mujeres violadas o maltratadas o
que hace falta tiempo, con todo lo que ha caído, para condenar las agresiones homofobas.
Y qué nos parecería si, ante tamañas barbaridades, los demás representantes
políticos respondieran que, bueno, lo importante es ahora la celebración de la
fiesta y no ponerse nerviosos porque, al fin y al cabo, esas declaraciones demuestran
que avanzamos, que llegaremos juntos a la meta.

¿No es todo esto una
muestra más de la enfermedad moral que asola el País Vasco?

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