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Me duele que en mi pueblo, Bilbao, se pongan tantas dificultades para abrir una mezquita. Algunos ciudadanos, de la zona en que se pretende abrir, aludiendo -sin concretar, claro- a una esperpéntica “sensación de inseguridad”. El municipio,  con trabas legales y retrasos intencionados. Algunos partidos negociando una Ordenanza que aleje los lugares de culto -asi, sin concretar, claro- de zonas residenciales.

La libertad religiosa no es la libertad de unos, o de los míos, sino de todos. Nunca he tenido ni la más mínima intención de entrar en una mezquita pero ahora pienso en acercarme al lugar provisional en el que se reúnan hoy los musulmanes de Bilbao para mostrar no mi coincidencia con ellos, que no hay tal, sino mi protesta contra la intolerancia.

Es un asunto distinto, salvo en los efectos de la intolerancia, pero recuerdo ahora cuando varios intelectuales y escritores españoles decidieron asistir a un estreno de García Lorca al saber que, por sus ideas y por su homosexualidad, un grupo de extrema derecha podía ir al teatro a boicotear la representación. Alli estuvieron el primer día, pero el segundo, et tercero, el cuarto día… el únicoque siguió sentándose en el patio de butacas fue don Miguel de Unamuno. Por si acaso. Para mostrar, más allá de la primera presencia simbólica, su solidaridad. Voy a ir a  la mezquita de Bilbao con don Miguel de Unamuno…

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