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Es parte del modo en que se debate entre nosotros, ya lo sé, pero no por ello me ha dejado de llamar la atención, a propósito del debate sobre la deuda norteamericana, la cantidad de afirmaciones comtudentes oídas o leídas aquí seguidas de un sabihondo “sin comentarios”. Obama quiere resolverlo todo con gasto públic0. Sin comentarios. Lo que pretende el Tea Party es la prevalencia de unos principios. Sin comentarios. La deuda aumentó mucho más con administraciones republicanas que con administraciones demócratas. Sin comentarios. La deuda no sería ni muchísimo menos la que es sin las dos guerras de los Bush, padre e hijo. Sin comentarios. Etcétera. Sin comentarios.

Todo, sin embargo, necesita comentarios, matices. Aunque cada afirmación suponga una verdad, hecha asi, sin comentarios y explicaciones, se pantea de modo tan cerrado que se parece más a una formulación dogmática -o propia para salirse con la suya en un falso debate- que a una proposición abierta para el debate. Es cierto, por ejemplo, que la admistración de Obama quería mayor techo de gasto que los republicanos, y que podría tener consecuencias en la deuda y su coste, que recaen a la postre sobre los contribuyentes, pero lo es asimismo que el país arrastraba ya un déficit inmenso de anteriores administraciones que abría razonablemente la discusión sobre los plazos y la intensidad de los recortes. Es cierto, asimismo que algunos representantes del Tea Party (no todos) defienden con firmeza algunos criterios sobre el peso del Gobierno federal y las cuentas públicas pero no lo es  menos que en ocasiones se tratan de imponer con la rudeza -que no es lo mismo que firmeza- de quien  no admite las transacciones propias de la politica real, en esa posición, no quiere contemplar las hipotéticas consecuencias nefastas a corto y medio plazo de un  determinado y no moldeable, ni en el tiempo, punto de vista.

No se pueden discutir los datos sobre el incremento de la deuda del déficit y la deuda en Estados Unidos según el color politico de las adminstraciones pero no a costa de olvidar las distintas circunstacias económicas de cada periodo y de obviar las propias ideas en beneficio de salir bienparado de una suerte de esgrima consigo mismo: el déficit que se reprocha al advesario sin reparar en nada más se defiende en el caso del aliado ideológico precisamente porque deben tenerse en cuenta las circunstancias. Es cierto que las dos guerras de Irak han tenido un coste impresionante pero, en el reproche que incluye casi siempre el dato, no se puede olvidar ni el acuerdo previo en estas misiones entre republicanos y denócratas en estas misiones ni el diferente cariz de ellas y otras, en cuanto que muy  a menudo se pide a Estados Unidos que asuma el coste de una defensa de intereses occidentales que no quieren o no pueden asumir los que critican después el coste.

No me interesa ahora debatir sobre todo ello sino subsayar que, en esto como en todo, hacen falta los comentarios, las explicaciones, los matices.

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