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Este domingo traigo al
blog una joya –breve pero valiosa y brillante- del siglo XVI francés, un
fragmento de un poema de Maurice Scève (nacido en Lyon en 1500 y fallecido 64
años más tarde). Quizá en el trasfondo de estos versos esté su mítico amor por
Pernette de Guillet, una poeta que fue su discípula, que le dejó para casarse
con otro y cuya muerte temprana inspiró a Scève emocionados versos. Pero
también, como subraya Martine Broda en su ensayo sobre la lírica amorosa, en
los pocos versos que transcribo a continuación una descripción de La poesía
épica, de la poesía satírica, de la poesía amorosa banal y de la poesía cómica
para establecer, en los tres últimos, su propia poética: el modo de afrontar lo
que en la vida se nos convierte en enloquecedor.

 

Hay quien se deleita en narrar historias

Perpetuando de los grandes príncipes las gestas,

Quien se recrea en soberbias victorias,

O se amarga en Sátiras molestas;

También quien canta sus amores evidentes

O se plañe describiendo graciosamente

Juegos de escarnio que al público mueven a risa.

Entiéndase que trovar es mi único afán

Y fuera de ti no sé qué otra cosa decir

Más que gritar piedad, piedad, piedad.

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