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El regalo en el
cumpleaños de Rubalcaba ha sido la encuesta del CIS porque lo del “we can do it”
y las camisetas ha quedado, a estas alturas, un poco cursi: ahora se lo voy a
decir en inglés para que se enteren, como Obama, que –como se sabe- compitió en
primarias con una dama, con vídeos y frasecitas publicitarias como si se
vendiera un producto. Yo pensaba que la comparación de cientos de políticos
españoles con el presidente norteamericano –“el Obama español”, etc.- ya había
pasado de moda y seguramente es cierto cuando los asesores de Rubalcaba tienen
que explicar, esta vez en español, que el lema viene de un atleta y no de la
Casa Blanca.

Pero la encuesta del
CIS sí es un buen regalo, no hay duda. Cabe, naturalmente, criticar la
existencia misma de un instituto de sondeos público, algo desconocido en lo que
ahora llamamos “países de nuestro entorno”, pero no vale tomarlo como palabra
de Dios cuando te favorece y como manifiesto del diablo cuando te perjudica. Lo
anoto por el PP, al que parece que no le ha gustado el regalo.

Es más un regalo
estratégico que el anuncio anticipado de un triunfo que sigue pareciendo
imposible por la diferencia que aún mantiene el PP sobre el PSOE y por el
contraste con otros sondeos. Inmediatamente después del sondeo del CIS ha
aparecido, también oficial (para no citar ahora otras encuestas privadas), el
referido a las elecciones andaluzas y parece que allí, en donde se concentra
una buena parte de los votantes españoles, sigue manteniéndose la tendencia
hacia la mayoría absoluta de los populares. Pero es un regalo estratégico
porque se acomoda a las intenciones del candidato socialista que, en vez de un
contraste entre los dos grandes partidos e incluso de un contraste de
programas, desea la confrontación directa entre dos personas: él y Rajoy, en la
que está convencido, como puede pensarse que pretende decir el CIS, que tiene
las de ganar.

Sin embargo, la
tendencia –confirmada en sondeos y avalada por las urnas el pasado mes de mayo-
es otra. Y las elecciones generales no son unas presidenciales que se puedan
organizar estratégicamente al margen de la fuerza y de la confianza depositada
en los partidos. De hecho, sólo los madrileños votarán listas en las que aparezcan
los nombres de Rajoy o Rubalcaba y los demás tendrán que apoyar a otros
candidatos a diputados “del PP o del PSOE”. Por otro lado, la mejor valoración
de Rubalcaba como presidente del Gobierno tiene que matizarse, en la misma
encuesta, con la mejor valoración de Rajoy cuando se plantean características
personales y políticas concretas para comparecer en la arena política. Lo que
sí parece revelar, a un lado el efecto inmediato de su designación como
candidato, es que Rubalcaba tiene mejor imagen que el PSOE (que no sé si en el
fondo le conviene) y mejor que el actual presidente (del que no sé si será
capaz de diferenciarse lo suficiente hasta hacer olvidar que ha sido su
vicepresidente, su sostén y el modelador –sin posterior necesidad de ser
moderador- del Gobierno que Rodríguez Zapatero encabeza).

Si el PP ha optado por
tomarse el sondeo como una suerte de intencionada maniobra cómica, el PSOE
quiere, como si fuese un procedimiento químico, animarse con ello. En serio,
nada más. El objetivo de los realistas no es ganar las elecciones de 2012 (o
antes) sino que no las gane el PP por mayoría absoluta, lo que no es fácil,
aunque sí posible, ni antes ni después de los datos del CIS. Se quieren
convencer de que Rubalcaba puede ir reduciendo la ventaja en el tiempo que le
queda, que desearían que fuese en estas circunstancias hasta el agotamiento de
la legislatura), pero esto sí que me parece un espejismo. Ya nadie cree que la
fecha de las elecciones vaya a establecerse por la prevalencia de un programa
de reformas que no existe ni se quiere llevar a cabo por miedo escénico. Así
que dependerá de intereses electorales que el candidato negociará con el
presidente pero su demora se verá sin duda contaminada por la política
cotidiana y la desafección con el Gobierno e incluso por unos pactos
presupuestarios que, al mismo tiempo que aseguren una mayoría parlamentaria,
será difícil hacer entender a los ciudadanos por las concesiones a minorías que
implican. El futuro no es halagüeño para el PSOE ni para un candidato, de cuya
valía no se duda, directamente relacionado con las causas del desastre. Quizá,
recibido el regalo provisional y escondidas las camisetas en el armario, lo que
“pueden hacer” es olvidarse del cambio de tendencia y convocar las elecciones
cuanto antes. Porque nada va a ser mejor en los próximos meses.

 

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