Etiquetas

,

Si ayer escribí sobre
los “guiños a la izquierda” con los que el PSOE y su candidato quieren
disimular la ausencia de un proyecto político intelectualmente socialdemócrata,
habrá que ocuparse hoy de otros guiños, o quizá más que guiños: los del popular
José Antonio Monago para hacerse con la presidencia de Extremadura con el
concurso de Izquierda Unida. Se ha visto que los líderes extremeños de la
coalición de izquierda, por mucho que su inicial negativa a apoyar al PSOE
estuviera dictada por el largo enfado de cómo han sido tratados, han sabido
aprovechar su situación, el ser llave necesaria para la elección del presidente
regional, y, más que modular, rectificar el discurso de Monago. Se está en
política para conseguir el poder y, en ese ejercicio, el PP ha actuado con
eficacia para conquistar la tan socialista Extremadura, el baluarte que se
pensaba que el PSOE, incluso en las peores circunstancias, no iba a perder.

Se está en política
para lograr el poder, en el que sin duda se pueden hacer, aún con todas las
dificultades, más que en la oposición. Pero se trata, si se impone el sentido
común, de lograrlo para llevar a cabo un proyecto y José Antonio Monago debería
tener buen cuidado. Buen cuidado para que su acción de gobierno sea
identificable por sus votantes, buen cuidado para que sea además coincidente
con el proyecto general del PP en este momento decisivo para sus aspiraciones
políticas y buen cuidado, evidentemente, para el futuro de Extremadura y de los
intereses de los extremeños. Es cierto que esa comunidad autónoma, gobernada
hasta ahora por el socialista Fernández Vara, está en los límites de déficit
permitidos por el Gobierno, pero eso no significa que no tenga que abordar esta
y las próximas legislaturas con una austeridad sobresaliente porque aquel debe
ser reducido tanto por imperativo como por necesidad. Sin embargo, en lo que
algunos interpretan un guiño a Izquierda Unida, el nuevo presidente popular
parece pretender conseguirlo con la pirueta imposible de aumentar los gastos
(desde las becas a las prestaciones por dependencia pasando por planes de
emergencia social y una frenta básica) reduciendo algunos de representación y
altos cargos, que es una medida conveniente pero que, a todas luces, no
resuelve el problema contable. Claro que Monago, en medio de la cabriola, se
apunta a la manida “deuda histórica” y quiere pedir, en este momento, más
dinero al Estado. Estaría bien que Mariano Rajoy aclarase su disposición a
complacerle si está en La Moncloa, como parece previsible, el año próximo.

Me preocupan menos las
buenas palabras del dirigente popular dirigidas a los sindicatos y me parece
conveniente que reivindique el papel de los funcionarios, pero llama la
atención que, de un plumazo, modifique la posición de su partido en impuestos
como el de patrimonio y sucesiones. La misa que vale el poder es, en este caso,
demasiado solemne y plagada de incienso. Y, por ello, se ha encontrado,
paradójicamente, en la misma situación en la que está el Gobierno nacional con
el PNV: se cede y, además, el beneficiario se permite el lujo de mirar con
sorna al que cede. Es para mantenerse o conseguir el poder, claro, pero, para
el observador que no va a tener ni el medio coche oficial de los ahorros de
Monago, resulta todo un tanto chocante.

Anuncios