Etiquetas

,

Cuando la estrategia incluye estratagemas es conveniente no desvelarlas antes de tiempo. Si Rajoy pretende ponerse de perfil en la concreción de los ajustes que sin duda tendrá que llevar a cabo cuando, como es previsible, gane las elecciones de 2012, se siente en la lógica obligación de insistir y tratar de demostrar que su partido hace constantes propuestas que son desoídas por el Gobierno. Por eso llama la atención que, en la conversación de Alfredo Perez Rubalcaba con Jose Luis Barbería publicada ayer en El País, el candidato socialista trate tan claramente de despegarse tanto del Gobierno como del PSOE.

Una cosa es que confie, como algunos de sus patrocinadores, en su habilidad dialéctica y en sus propias fuerzas, y otra que solo confie en ellas. En la citada entrevista, el vicepresidente empieza por negar que la disputa en las generales vaya a ser entre el PSOE y el PP, precisamente cuando se le hace notar la ventaja con la que hoy cuenta este ultimo partido, sino entre el y Rajoy, como si se tratara de unas presidenciales y no de unas elecciones en las que se eligen diputados en listas de partidos que después eligen un presidente del Gobierno en sesión de investidura.

Poco después, y antes de subrayar la obviedad de que hay diferencias entre el y el presidente Rodriguez Zapatero, plantea el reto que asume como candidato, como una suerte de aventura intelectual en la que, en vez de hablar en nombre del Gobierno, lo va a hacer en el suyo propio. Se trata, no hay duda, de tratar de diferenciarse del Gobierno del que es vicepresidente pero también, como se ve, de, partido que, por procedimiento no previsto inicialmente (es decir, cambiandolo por el que le era mas conveniente), le ha nombrado candidato. El único papel que le quedaría al PSOE, se diría, es el de intermediario entre el candidato, que se escribe su propio discurso al margen de ministros y militantes, y los ciudadanos. De hecho es lo que Pérez Rubalcaba pidió a los líderes regionales del partido. Se lo pidió, dijo, al no querer pedirles que le defiendan del PP, pero se lo pidió sin requerirles a la elaboración conjunta de un programa o al establecimiento de una estrategia compartida. Lo que se decide en 2012 no es si el PSOE gana al PP, si la izquierda aun tiene ideas y recursos intelectuales para convencer a los electores de que su opción es mejor o menos mala que la de los conservadores, sino una disputa televisiva entre el y Rajoy.

Se puede entender que, tal y como se presentan las cosas, el candidato no este convencido de que la herencia de su propio Gobierno y la fuerza de su propio partido sean una protección y un trampolín inigualables, pero este modo tan palmario de desvelar la estratagema llama la atención. Y lo hace porque revela que, por el momento, no tiene otro camino que el imposible de estar contra todos. Contra el Gobierno que ha llevado a cabo una política sin resultados visibles que sirvan de credencial. Contra el PSOE que, tal y como esta, no cuenta en la disculpa. Contra el PP, ademas, como si no hubiera arrasado en los comicios locales y autonómicos de mayo. Y contra Rajoy. Lo malo es que, aunque gane -hipotética y dudosamente- en un par de debates televisivos con el aspirante de la Oposición, no va a poder, así -y solo- con el resto de adversarios.

Anuncios