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No
soy de los que desean la condena de Otegi, sino que se cumpla la ley. Tampoco
soy indiferente a su habilidad estratégica, sino que no quiero ser engañado.
Otegi, en la Audiencia Nacional, ha dibujado la táctica de la Izquierda
Abertzale como algo no dependiente de ETA –como viene haciendo hace tiempo-
pero esa falta de dependencia se parece mucho a aquello que se decía en los
tiempos de Herri Batasuna y demás viejos alias: no hay “vinculación orgánica”.
La historia es tan vieja como la existencia de otro tipo de vinculación ya que,
de otro modo, no tendría ningún sentido afirmar que una bomba de ETA pondría
patas arriba la estrategia y el discurso. ¿Por qué? No parece que un hipotético
atentado de la banda terrorista termine con la estrategia y el discurso de, por
ejemplo, Aralar, que también es abertzale y de izquierda y que incluso busca,
desesperada, una cierta colaboración con Bildu.

La
estrategia de este otra Izquierda Abertzale (o “autodenominada Izquierda
Abertzale” como dice machaconamente el presidente del PNV, Iñigo Urkullu)
depende de que ETA, en un entendimiento conjunto, se mantenga en tregua, es
decir, forme parte de una estrategia general en la que, quieta momentáneamente
pero sin desaparecer, sin atentados pero sosteniendo la amenaza, juegue el
papel adecuado para que Bildu, y después Sortu, sean legalizados y puedan estar
en las instituciones. En una reciente entrevista en el diario Gara, Arnaldo
Otegi dice claramente que sus pretensiones inmediatas se concretan “en el marco
de una tregua unilateral indefinida y verificable decretada por ETA” y no, como
algunos dicen, ingenua o maliciosamente, en un escenario de paz, es decir, de
desaparición de la banda. Y es en ese contexto en el que tiene sentido que, a
cada pregunta, los representantes de Bildu o de Batasuna digan que “no es el
momento” para pedir su disolución y, mucho menos, para la persecución y
detención de los terroristas.

Por
otro lado, está bien que, ante tanta palpitación general, Otegi explique que
Bildu y Sortu son la estrategia de Batasuna para esta nueva época y que, en
declaraciones judiciales y entrevistas periodísticas, utilice la primera
persona del plural para referirse a la coalición, a sus tácticas electorales, a
sus resultados y a su futuro. Una cosa es que se estime (por no acumular
sospechas o por no considerarlas jurídicamente suficientes, allá cada cual) que
Bildu –o Sortu- tienen derecho al sufragio pasivo o al registro como partido político
y otra que se repita, en contra incluso de la sinceridad de parte, que son
cosas distintas de la ilegalizada Batasuna.

Así
que, pase lo que pase, ojalá se cumpla la ley y ojalá también los confundidos
políticamente sean los menos.

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