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No acabo de entender
bien –o, digamos, no me gusta lo que entiendo- ese entusiasmo que, sobre Bildu,
palpo, y no precisamente en los lugares en los que la coalición ha obtenido sus
mejores resultados. En otros foros, a kilómetros de distancia, me encuentro (o
vienen a mi encuentro, a veces al encontronazo) con personas que, ante
cualquier crítica a Bildu, reaccionan subrayando que, por ejemplo en Guipúzcoa,
representan a la mayoría de los votantes, que, tras la sentencia del Tribunal
Constitucional, son una formación perfectamente democrática, que contribuirán a
“la paz”, etc. Pasmoso.

Pasmoso porque ser la
lista más votada, como ocurre entre otros sitios en San Sebastián o en las
Juntas Generales de Guipúzcoa, no significa haber sido votada por la mayoría y,
en un sistema como el nuestro, es perfectamente legítimo que otras formaciones
establezcan mayorías alternativas con plena legitimidad democrática. Pasmoso
porque el TC no da carta de naturaleza democrática ni hace una valoración
elogiosa políticamente, sino que establece que, a su juicio, no hay motivos
para denegar el derecho al sufragio pasivo. Es más, añade que las sospechas,
que reconoce, no son suficientes porque, como se sabe, termina tomándolas una a
una. Y pasmoso porque, quien quiera detenerse en una sólo superficial lectura
de la prensa y de sus documentos, puede reparar en que el “cambio” de la
Izquierda Abertzale es “estratégico”, en que los líderes de Batasuna –que está
ilegalizada- utilizan, lógicamente, el “nosotros” al hablar de Bildu y en que
esa táctica exitosa implica no ya no dar un paso para terminar con ETA sino
utilizarla y utilizar “el marco de la tregua” para forzar un cambio
institucional que, por mucho que se quiera negar, no tiene nada de democrático.
El plan no es otro que obligar de forma continuada a la identificación o a la
confrontación.

Por todo ello, y por
mucho más complementario y derivado, me parece una muy mala noticia que Bildu,
después de conseguir la alcaldía de San Sebastián, obtenga ahora el gobierno de
la Diputación Foral de Guipúzcoa. Algunos ingenuos, que no quieren enfrentarse
al fondo del asunto, esgrimen ahora, como si ahí estuviese el problema, que la
Izquierda Abertzale está en contra del puerto exterior de Pasajes o de la
llegada del AVE a San Sebastián. Pareciéndome proyectos importantes no
constituyen, desde luego, mi oposición al poder de Bildu, sino un concepto de
la democracia que se pone en peligro con él. Tampoco coincido, precisamente por
lo mismo, con los que, despectivamente, afirman que allá los guipuzcoanos, que
ya se enterarán, etc., que es lo que algunos bienpensantes decían cuando Hitler
llegó al poder.

Porque, por cierto,
Hitler llegó al poder no por obtener en las urnas la mayoría, como Bildu, sino
porque, ante sus buenos resultados, los partidos democráticos no articularon
fórmulas alternativas y de dejaron el paso expedito con la murga de que se
moderarían, serían controlados por los demás o fracasarían entre alfombras y
políticas concretas…

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