Etiquetas

, ,

A mí me parecería muy
respetuoso que el PNV facilitara la convalidación del decreto de reforma de la
negociación colectiva si, examinado su texto, tuviera un planteamiento
coincidente con el Gobierno o hubiera pactado su cambio en el tramite como
proyecto de Ley de un instrumento, complejo, para facilitar el entendimiento
entre los agentes sociales en la marcha de la empresa. Sin embargo, el portavoz
del PNV se ufana de haber logrado un “marco autonómico” en vez del estatal que,
ya se me perdonará, en el caso del País Vasco –y con la intervención sindical
incluso donde no haya representación- sirve más para ese proyecto de
acumulación de fuerzas nacionalistas que para propiciar la iniciativa
empresarial y la defensa de los derechos de todos los agentes sociales. Bien es
cierto que si los empresarios guipuzcoanos están felices con el triunfo y el
gobierno de Bildu en su territorio (curioso síndrome de Estocolmo), bien podrían
dar palmas arruinándose en su propio marco autonómico (que, con el PNV detrás
sería el síndrome de Suecia, más grande).

Menos mal que CiU se
ha ocupado de otras cosas, como el absentismo, la relación de los salarios con
la productividad y la flexibilidad porque el PNV, puestas las condiciones
geográficas por encima de las económicas o sectoriales, aprovecha a
continuación para burlarse: nunca ha conseguido tanto con una abstención, jaja,
no ha tenido mucho que hacer para doblegar hasta al propio presidente del
Gobierno, jaja, y miren lo que le llevamos a casa al tal López, jaja. El
Gobierno debe evaluar seriamente si la permanencia hasta el final de la
legislatura precisa sumar al PNV a un tiovivo del que sale con votos en el
Congreso pero trasquilado en las formas y en los contenidos. Y el primero que
no debería querer presentarse ante los electores con ese tipo de mercadeo es el
vicepresidente Pérez Rubalcaba.

Anuncios