Etiquetas

, , , , ,

El problema de Izquierda Unida no es tanto convertir el enfado justificado de sus dirigentes extremeños con el PSOE, que como se ha visto es aceptado en los órganos regionales de la coalición, sino explicarlo a sus votantes. Los partidos caen a menudo en el espejismo sucesivo de identificar a los dirigentes con los que habitualmente participan en las actividades partidarias, a estos con los militantes y a los militantes con los votantes. Como no hay tal, aunque crean verlo, a menudo se encuentran con la desafección de los votantes que ni entienden no se sienten concernidos por las preocupaciones o los intereses momentáneos de los primeros de la cadena. El problema de IU, por tanto, no es convertir su lógico enfado con el PSOE en un Gobierno del PP en Extremadura, en el que podrán posteriormente influir, sino en la posibilidad cierta de que sus votantes, que les han prestado el voto por otras razones, no lo entiendan ni lo acepten. Ni en Extremadura ni en otros lugares.

En el otro extremo del país, en Asturias, puede ocurrir algo similar -que no igual- aunque los protagonistas sean distintos. Allí, en Partido Popular, comandado por el alcalde de Oviedo Gabino de Lorenzo, parece pretender que sea el PSOE el que gobierne, en vez de la lista más votada que es la de Álvarez Cascos, mediante una estratégica abstención. No es lo mismo en este segundo caso porque el PSOE, de presentar a su candidato Javier Fernández, tendría que gobernar con el acuerdo de IU, lo que, desde el punto de vista de los principios ideológicos del PP, es todavía más sangrante. Es una posibilidad todavía pero, para empezar, el entendimiento entre PP y PSOE ya ha ha hecho presidente de la Junta General -el parlamento autonómico- al popular Fernando Goñi y el propio Gabino de Lorenzo no ha tenido inconveniente de presentar su propuesta en la sede del PSOE en Ferraz.

Tampoco es lo mismo porque esta paradójica fórmula de colaboración ha comenzado, además, con un aumento de gastos en la Junta General para contentar a los propios más que a los intereses generales. Para ello, para los intereses particulares, había que aumentar los salarios de los portavoces adjuntos, incrementar la plantilla y las dotaciones de los grupos equiparándolas a las que tenían, es decir, sin tener en cuenta su disminución de representación.  En un gesto tan extravagante como idiota acordaron mejorar el automóvil del futuro presidente, como si así pudieran callar a Francisco Álvarez Cascos, por el momento candidato al cargo. Afortunadamente, el Foro del ex ministro votó en contra de unas cosas y la otra. Es decir, que el PP asturiano, castigado en las urnas, quiere, además, saltarse los más elementales criterios de austeridad establecidos y cacareados por su partido para, de acuerdo con el PSOE, alimentar la posibilidad de impedir que Cascos presida la comunidad autónoma.

De Lorenzo y los suyos, escamados por un triunfo de Álvarez Cascos que decían imposible, pretenden poner por encima de otras consideraciones -incluso las programáticas de su partido- el enfado con este y, si pueden, tratar de anularlo para el futuro. ¿Por encima de qué? De la lógica política, de la predecible voluntad de sus votantes, de sus presupuestos ideológicos. Los votantes les volverán la espalda -aún más- pero, si les sale como pretenden, un grupito se será momentáneamente satisfecho.

Dos diferencias aún entre Extremadura y Asturias. La estratagema de IU haría que en Extremadura gobierne la lista más votada. La del PP en Asturias, sin embargo, que la más votada, la de Cascos, quede relegada. A Extremadura, además, a ido Cayo Lara a tratar de impedirlo. El PP, sobre las maniobras de Gabino de Lorenzo, las ya perpetradas y las deseadas, aún no ha dicho nada.

Anuncios