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El PNV ha decidido presentar candidatos propios en todas las instituciones vascas pendientes de decir regidores o gobiernos. Como la política se mueve en lo que Marx llamaba “el reino de la necesidad”, esa decisión aparentemente salomónica (ni con PSOE y PP ni con Bildu) es fruto, en realidad, de un acuerdo tácito con la coalición abertzale. Acuerdo con el que, presionado por sus dirigentes guipuzcoanos, dejará que Bildu gobierne en Guipúzcoa a cambio de recibir apoyo para seguir haciéndolo en Álava. Es una opción pero está llena de paradojas y contradicciones.

El PNV, después de señalar que a Bildu le falta por recorrer un buen trecho de la “normalidad democrática” y de criticar abiertamente su programa, se justifica a sí mismo diciendo que, al fin y al cabo, es la fuerza política mas votada en ese territorio. El criterio valdría si tuviera un carácter general pero, en el caso de Álava, va a gobernar, con el apoyo de Bildu, cuando el partido más votado es el PP.

Por otro lado, se trata de extender la especie de que, confirmado el derecho de la coalición al sufragio pasivo por el Tribunal Constitucional, ya no hay reparo posible al entendimiento político, los intercambios de poder y la búsqueda de caminos conjuntos. Esta mezcla de planos distintos es ridícula. Para empezar, el Constitucional ha señalado que las sospechas -de vinculación con ETA- no han sido planteadas de modo que puedan tener consecuencias jurídicas, pero no que no haya sospechas posibles que, en el ámbito político, si deberían tener consecuencias. De hecho, el PNV alude constantemente a sospechas y desconfianzas para mantener unas y otras posiciones.

Sin coincidencias programáticas, con sospechas y recelos puestos de manifiesto una y otra vez, incluso con el peligro cierto de ser fagocitados en Guipúzcoa por el nacionalismo radical (los resultados de Egibar y sus candidatos caen repetidamente por un plano inclinado), el PNV prefiere el entendimiento y el cambio de cromos con Bildu, incluso con planteamientos que el propio partido ha señalado que son nocivos para el bienestar de los ciudadanos. Es interesante que el PNV se atenga, como ahora se insiste, a la dimensión “nacional” o de “construcción nacional” y debería explicar, en primer lugar, qué tipo de coincidencia tiene en esos objetivos con los radicales y de qué modo estos pueden estar en contradicción con los intereses concretos de los ciudadanos hasta el punto de dejar estos últimos aparcados o descabezados.

Tendrá Guipúzcoa gobierno territorial de Bildu y tendrá San Sebastian alcalde de la esperpéntica y sospechosa coalición. Allá cada cual con sus decisiones pero lo que no se puede argumentar es que este hecho es una especie de corolario mecánico ajeno a su voluntad. Sin el concurso del PNV no sería posible.

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