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No hay más que leer y escuchar lo que se ha escrito o se ha dicho desde que ayer Carme Chacón anunciara su renuncia a competir en las primarias del PSOE para darse cuenta de que no cae bien a unos, que otros consideran que no era en este momento la candidata adecuada y que algunos más piensan que su retirada no es por otra causa que la falta de apoyos. Sin embargo, apoyos si tenía la actual ministra de Defensa en determinadas federaciones regionales –aunque me resulta imposible evaluar su cuantía- y podía conseguir, además, el de militantes anónimos que votan en unas primarias y que, como se ha visto en la historia reciente del PSOE, lo suelen hacer libremente y causando sorpresa. No quita esto mérito ni apoyos al vicepresidente Pérez Rubalcaba, si es que termina optando al liderazgo electoral del partido, pero, desde luego, la competición prometía ser interesante y reñida.

Que a unos y a otros caiga mejor o peor, es cosa de cada cual y no voy ahora a entrar en ello. Sí, sin embargo, en el diseño de una estrategia que algunos de sus partidarios defendían y que me pareció interesante. En un momento de grave crisis del partido, agudizada con los resultados de las elecciones del pasado domingo, se pretendía defender a una candidata a la que no se exigiera un triunfo –por el momento improbable si no imposible- es los comicios generales de 2012 (o antes) sino que pudiera, con tiempo, ir elaborando una alternativa y un equipo capaces de retomar la iniciativa y el apoyo de los votantes. Fue el diseño con el que José Luís Rodríguez Zapatero salió del congreso en que fue elegido secretario general, aunque los acontecimientos se precipitaron tras el 11-M y el inesperado triunfo en 2004.

Todos los ministros del actual Gobierno son, sin duda, corresponsables de la lentitud y los errores escénicos y de fondo con que se ha encarado la crisis económica, pero el vicepresidente Pérez Rubalcaba ha sido el apoyo fundamental de su colega Elena Salgado, responsable de los asuntos económicos en el Gabinete y el que aceptó ser el buque insignia –y el parapeto- del presidente en la política que se ha llevado a cabo desde hace un año y que se trató de explicar mejor, a la vista está que sin éxito, desde la última remodelación ministerial. Su veteranía, además, no parece que le sitúe en posición personal idónea para las elecciones de 2016, en la que el PSOE, si es capaz, debería presentar un proyecto y una imagen renovada. Es, sin embargo, comprensible que haya quienes, sin negarlo, prefieran que Pérez Rubalcaba sea el candidato el próximo año ya que le consideran en este momento más preparado para minimizar en lo posible una derrota previsible. Las opciones estaban claras, el mañana inmediato o el pasado mañana posible, y, por ello, hubo quienes defendieron el entendimiento entre ambos: Rubalcaba para suceder a Rodríguez Zapatero en estos apuros y Chacón para suceder al actual vicepresidente con un panorama de más tiempo y renovación en la oposición.

Todo esto quedó truncado ayer, al menos en el modo en que podía estar preparado, es decir, con acuerdo o con primarias (que se entendían como un modo de animar e incentivar a la militancia), pero con un diseño como el citado. Es cierto que, sin presentarse ahora, Carme Chacón puede retomar sus aspiraciones tras las elecciones generales o cuando se celebre el congreso del PSOE, pero, de su intervención de ayer, se deduce que las cosas no puede ser del modo que se apuntaba. De hecho, no queda claro ahora cuáles son las causas que, al poner en entredicho la autoridad del secretario general, le han llevado a retirarse. ¿Se trata de plegarse a un plan de Rodríguez Zapatero o de sacrificarse porque el plan se lo han impuesto, a ella y al presidente, otros? No es que haya sólo, como se apunta, un candidato en las primarias, sino que todo se haya producido en las circunstancias confusas que ayer esbozó, sin concretar, la ministra de Densa. ¿Es, además, la opción hipotética de Pérez Rubalcaba su candidatura con el respaldo de cuantos perdedores hubo el 22-M y que han amagado después con la petición de un congreso? Un congreso, por cierto, que nadie ha pedido ni convocado en sus respectivas federaciones tras el descalabro de candidaturas autonómicas y locales.

Es más desalentadora, me parece, la situación actual del partido, por mucho que se sonrieran ayer los barones con el secretario general, que las opción futura que, si quiere y puede, tiene por delante Carme Chacón.

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