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Estaba el presidente Rodríguez Zapatero en La Moncloa, rodeado de colaboradores y amigos, esperando que una suerte de milagro atemperara la derrota pero, en cuanto le entregaron los sondeos a pie de urna de su propio partido, ya se dio cuenta de que aquello era un desastre, un tsunami como se ha repetido después. Apenas cerrados los colegios electorales, la portavoz de la Comisión Electoral del PSOE, Elena Valenciano, comparecía para señalar que se perderían municipios y gobiernos regionales en una noche que no iba a ser nada buena, como si se quisiera evitar desde el primer momento la ilusión momentánea de sus seguidores. Era un desastre y terminó siendo peor al filo de la media noche.

El PSOE sólo salva, perdiendo las elecciones y si logra un acuerdo con IU, Extremadura. En el feudo de Asturias es superado por Álvarez Cascos, que ha demostrado una capacidad de convocatoria en apenas seis meses digna de ser reseñada. En Castilla La Mancha, en donde deseaban dar, al menos, un puyazo a María Dolores de Cospedal, se tuvieron que retirar por el foro. En las dos comunidades autónomas gobernadas por el PSOE que no hubo el domingo elecciones, País Vasco y Andalucía, los resultados eran también estremecedores. Un tsunami, un castigo sin precedentes, mucho más una derrota tremenda del PSOE, que pierde millón y medio de votos, que un triunfo del PP, que gana medio millón, un buen puñado de ellos, por cierto, en Andalucía.

Hizo bien el presidente en comparecer ante los medios de comunicación para reconocer, como secretario general del partido, la derrota y el triunfo del adversario. Le falto, sin embargo, una necesaria autocrítica porque, otra vez, se refirió a la crisis económica y sus consecuencias como una suerte de tornado que se hubiese generado a su lado, que enfada a la gente, que roza al Gobierno y le sepulta, como si nada de su gestión tuviera que ver con la desafección de los votantes.

Es verdad que los apoyos para gobernar en el Gobierno de España son distintos que los que el domingo se dilucidaban en las urnas. Pero también lo es que no se puede gobernar con eficacia contra una opinión pública que le ha dado la espalda y a la que, ahora, se añadirá la interna, la del PSOE, sometida en medio del maremoto a unas primarias y a problemas incluso mayores que los que tenía sobre la mesa el día 21. No se supo ayer nada de Carme Chacón. El vicepresidente Pérez Rubalcaba sólo quiso dar los resultados que ya se conocían y no aportar valoración alguna. Es un asunto menor pero es también significativo del papel, en el día D de Derrota, que han jugado los que, en teoría, están llamados a intentar una cierta regeneración y movilización del electorado en las generales-

Inmediatamente, como es lógico, los portavoces del PP (aunque Mariano Rajoy no lo hiciera en su breve alocución a los militantes) pidieron el adelanto de las elecciones previstas para la próxima primavera. Si no quiere atender a la demanda de la Oposición, el presidente debería reflexionar sobre una demanda de cambio, de cambio general, en el panorama español y en su partido. Una demanda que, si se convierte en una larga agonía, daña a todos: a la situación económica y política, al PSOE y al ya devaluado Rodríguez Zapatero.

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