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Las encuestas de las elecciones generales, que mantienen una tendencia penosa para el PSOE, no son trasladables a las autonómicas y locales. Las que hemos conocido referidas a estos comicios del próximo domingo también son adversas a los socialistas aunque habría que hacer algunos matices. Hay, en primer lugar, y en sondeos que se hicieron a poco más de una semana de las elecciones, un significativo número de indecisos. Y, además, la existencia de partidos regionales, listas locales, agrupaciones independientes, etc. puede tener una incidencia tanto en el voto como en la formación posterior de mayorías para gobernar. Por ejemplo, y ateniéndome sólo a encuestas, Castilla La Mancha depende de un puñado de votos, Extremadura del papel que pueda jugar Izquierda Unida, Aragón de los resultados de la Chunta o el PAR, etc.

Sin embargo, esos mismos sondeos revelan que la desafección con el Gobierno y con el partido gubernamental es grande y afecta negativamente tanto a los candidatos autonómicos y locales que tienen buena valoración entre los ciudadanos como a los que la tienen mala o no tan buena. Hay, ahora, un “problema PSOE” que coloca a este partido en una situación de grave riesgo de que una parte sustancial de los que antes le votaron se vayan a la abstención, a Izquierda Unida u otros partidos minoritarios y, como lo corroboran los encuestados, al Partido Popular. Seguramente los votantes ya decididos a apoyar otras candidaturas, que no son escasos, sean ya irrecuperables y la cuestión es si en estos días, y en los pocos que quedan, el PSOE puede lograr una cierta movilización de los desencantados o enfadados con la política del Gobierno y sus consecuencias.

No parece funcionar la demonización del adversario y resulta un poco ridículo echar la culpa de todos los problemas a quienes gobernaron hace más de siete años, como si los socialistas hubieran estado estas dos legislaturas de perfil y a por uvas. Ante las concentraciones de jóvenes se ha observado un desconcierto del PSOE más que sorprendente, como si al mismo tiempo sirviera el balbuceo y el silencio o el apoyo a no votar después de venir de un mitin pidiendo el voto. Algunas intervenciones publicas, revelan más el reclamo del apoyo como una medicina para el agonizante que como un medio de llevar a cabo un proyecto. Cuando falla el discurso, es decir, el modo de explicar un programa, es muy difícil enfrentarse en poco tiempo a lo que algunos llaman “cambio de ciclo”.

Es cierto que, con la crisis económica y política, casi todos los partidos en el poder en países occidentales, sean de izquierda o derecha, han sufrido fracasos en las urnas y desafecto en la opinión pública, pero no es fácil encontrar, desgraciadamente, una ausencia de discurso regenerador como en España ocurre con el PSOE. A la Oposición, como se ve, le basta con esperar y esto por muy considerable que sea, a pesar de todo, la estabilidad del voto socialista. La suerte está, por lo tanto, echada. Quizá les venga bien estudiar a partir del 23 no sólo lo que se ha hecho mal sino lo que se ha hecho en algunos lugares en los que, sea cual sea el fracaso, va a ser allí sensiblemente menor. Porque los va a haber.

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